"Agarra codos"

Paola Rivano / Coach y conferencista internacional

Contratas a alguien para que cuida de tu hija y cuando llegas de trabajar la niña está sola jugando y la “niñera” está sentada de lo más cómoda chateando en su celular. ¿Qué pensarías?

La asistente de tu oficina en cada tiempo libre que tiene abre el explorador de internet en la página de Facebook y comienza a postear desde el computador en horas hábiles. ¿Qué le dirías?

Le pasas el auto a un amigo para que te haga el favor de ir a buscar un paquete a una dirección específica y sin avisarte se lleva el auto para ir a almorzar y de paso aprovechó a hacer sus mandados. ¿Qué harías?

Conociste a una persona con un serio problema económico. Tú, por ser de buen corazón, lo ayudas y lo acoges en tu casa por unos días en lo que consigue dónde quedarse. Tiempo después descubres que habló mal de ti con tus propios amigos. ¿Cómo reaccionarías?

Comienzas a trabajar en una empresa y tu “jefe”, en vez de llamarte por tu nombre, decide decirte “rey” o “reina”. ¿Seguirías trabajando ahí?

Fresco, abusivo, desubicado, desvergonzado, confianzudo, desfachatado, sinvergüenza, descarado, pillo, patudo, aprovechado. En resumen, gente demasiado confianzuda que cree que está en el derecho de utilizar tu confianza y tus recursos para fines propios y sin autorización previa. En pocas palabras y más comunes: la típica persona a la que le das la mano y te agarra el codo.

Lamentablemente hay muchos quienes caben en estas características y sin duda han causado más que un enojo a quien ha sufrido las consecuencias de su comportamiento. ¿Cuántas veces nos han invadido las ganas de decirles un par de verdades? ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de haber hablado?

En el trabajo, en el condominio, en la familia, siempre encontraremos gente que se aproveche de nuestra nobleza, por lo que mi enfoque hoy es hablar de cómo podemos aprender algunas técnicas para ponerlos en su lugar, sin morir en el intento.

Predica y practica. Definitivamente no puedes pedir algo que no des. Es decir, si a ti no te gusta que tomen tus cosas, no tomes las cosas de los demás. Si no te gusta que te pongan apodos, no pongas apodos. En el momento en que decido tomar algo sin permiso, estoy dando la pauta para que esa persona haga lo mismo conmigo. De alguna manera tenemos grabado en nuestro subconsciente: “Ley pareja no es dura”.

Raya la cancha. Así como los juegos tienen sus límites, las relaciones interpersonales igual deben tenerlas. Evidentemente es mucho más fácil aprovecharse de alguien que no pone límites. Establece los parámetros de confianza. Cuando están claramente definidos, desde un principio, evitamos tener malos entendidos después.

Comunícate. Por muy perceptivos que sean quienes nos rodean, es prácticamente imposible que adivinen nuestros pensamientos y nuestra forma de pensar. Si algo no te parece, dilo. Di lo que piensas de una manera honesta y respetuosa, pero siempre pensando primero en qué vas a decir y no dejar de medir el impacto que pueda tener esto en la relación.

Se dice que no podemos elegir a nuestros parientes, pero sí podemos elegir a nuestros amigos. El objetivo, al final, es lograr crear y mantener buenas relaciones con quienes nos rodean.

No dejes que pasen por encima de ti, pero tampoco pases por encima de los demás.