"El círculo vicioso de la desesperanza"

Luis Felipe Valenzuela - Escritor, periodista y Director General de Emisoras Unidas.

Es preocupante que los partidos Patriota y Líder se unan en el Congreso solamente para asuntos que van contra los intereses del país. Primero, como ya sabemos, para elegir un poder judicial a su medida. Ahora, para impulsar un punto resolutivo contra los magistrados titulares del Tribunal Supremo Electoral. En el caso de la justicia, ganaron; la Corte de Constitucionalidad no quiso o no pudo amparar en definitiva a quienes pedían repetir el proceso de selección y elección de magistrados. Para muchos, lotería cantada. En el caso del TSE, aunque la acción no caminó, el antecedente es inquietante. Los partidos en general, sobre todo los más poderosos, no están dispuestos a tolerar ningún tipo de traba para violar la ley. Su campaña anticipada, inmoral y burda, los retrata de cuerpo entero. Y es una lástima que no haya, a la vista, ningún liderazgo emergente capaz de moverle el piso a los favoritos para las elecciones del año entrante. Hablo de un liderazgo que pudiera dar ejemplo de rectitud y de competencia, y que además tuviera alguna posibilidad. Asimismo, es triste que este TSE, al que fustigan y presionan estos partidos sin solvencia, haya cometido en tan poco tiempo errores tan crasos y evitables como recetarse un aumento (para después retractarse), o bien excederse en viáticos y boletos de avión, a tan solo meses de haber llegado al puesto. La institucionalidad del país es peligrosamente precaria. Tanto, que a ratos uno se pregunta cómo la conflictividad no es mayor. La presencia del Estado es insuficiente y mediocre. Por donde quiera que se vea. Y aun así, parte de la extrema derecha proclama que es el populismo lo único que evita el desarrollo de Guatemala. Como si fuera tan sencillo. El populismo ciertamente es nefasto, pero hay más elementos que contribuyen con nuestro caos. Las élites de baja calidad, por citar uno. El círculo vicioso de la desesperanza nos circunda y nos cerca. Da pena no disponer de una reserva moral activa. Porque gente correcta hay. Pero apática. En la arena política, los negocios siguen y seguirán. No veo futuro en estas cortes que nos vienen, pues no las percibo independientes. Tal vez como ha sido siempre. Lo que ocurre es que ahora, de manera innegable, se prevé el colapso del sistema. Hasta el presidente de la CC, que votó a favor de los magistrados electos, lo sugiere. Tampoco habrá cambios en la Ley Electoral. Y si los hubiese, difícilmente serán de fondo. No creo que estos diputados que se burlan del pueblo todos los días se disparen en el pie y se obliguen a jugar limpio. Y en ese limbo cotidiano, los partidos con más recursos se dan el vulgar lujo de amedrentar públicamente a un TSE debilitado por sus propias pifias. En síntesis, no hay hacia donde ver. La CICIG convoca a mesas de trabajo para acordar una agenda mínima en materia de justicia. Y en el ínterin cae una estructura paramilitar que el comisionado Iván Velásquez describe como “un ejército privado”, que, según los fiscales del caso, consta de unos 300 integrantes. Este innegable éxito, aunque meritorio, se ve opacado por lo rústico y ruin de algún sector de la PNC que impide que circule en forma normal la revista “Contrapoder”, mandando a comprar casi todos sus ejemplares, para que no se leyera un reportaje en que se muestra la corrupción de ciertos cuadros de la fuerza policial, algo que ya había hecho, según los colegas de ese semanario, gente de Líder con un trabajo periodístico previo que señalaba de plagiario al precandidato de esa agrupación. Otra vez, fíjese usted, los dos partidos en cuestión coincidiendo en asuntos condenables e indecorosos. ¿Qué puede esperarse entonces? Nada o casi nada. El presidente Otto Pérez Molina no destituye ni desconoce a integrantes de su partido que, sin pudor, abusan del tráfico de influencias. Manuel Baldizón acepta el transfuguismo más barato y no escatima en pasteles para promover su imagen. Oficialismo y oposición no se diferencian en nada. El TSE se equivoca sin necesidad y pierde fuerza. La justicia agoniza en la sala de urgencias, sin insumos para salvarse. El Estado vive le peor quiebra de los años recientes. Es la debacle: nos acecha implacable el círculo vicioso de la desesperanza.