Luis Felipe Valenzuela

Pobres víctimas

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Guatemala lleva 10 días de ritmo desgastante y desolador. En realidad han sido más de 500 años. La historia nos dice que aquí la esperanza no suele durar mucho. Últimamente, ni siquiera horas. Para empezar, no puedo ignorar la matanza en Los Pajoques, San Juan Sacatepéquez. El Estado impotente y sin presencia. El triste concepto de “territorio tomado”, donde ese Estado ni manda ni controla. Y, como suele ser, las que integran la lista amarga son víctimas pobres. Pobres víctimas, además. No hubo una autoridad que previera la tragedia. Mucho menos que hiciera algo en prevención. Menos aún que la evitara.

Es inaceptable que, con petición despertada de ayuda de por medio, la policía no haya llegado a tiempo. Entiendo que la desventaja numérica inicial era dramática. Pero hubo suficientes horas como para reaccionar. Aunque hubiera cinco bloqueos en el camino, como me dijo el viceministro de Gobernación, Eddy Juárez. Porque ahora, después del trueno, Jesús María. En estos días hay órdenes de capturas ejecutadas. ¿Para qué?, quisiera saber yo. El caso se parece mucho al de la supuesta red delictiva en el Sistema Penitenciario, en el que ya hay procesados, pero todavía estamos muy lejos de la cabeza de la estructura.

Yo quiero saber exactamente lo que hay detrás de este horrendo episodio de violencia. Y le exijo al Ministerio Público que lo determine. No solo por mí, que conste. Sino por la justicia. Esa que tendría que ser capaz de prever, prevenir y evitar más hechos de sangre como el de Los Pajoques. Esa que solo consiguen algunos de los poderosos. Esa que sin vergüenza negociaron bajo la mesa los diputados de las dos bancadas mayoritarias, la semana pasada.

Y ojo: Cuando escribo “bajo la mesa” no digo que haya sido necesariamente en secreto. Fue con descaro. Aquí ya no les importa nada. Fue “bajo la mesa” porque la alevosía, la ventaja y la nocturnidad bailaron una macabra danza en los rostros de quienes pactaron esa siniestra alianza. Alianza nefasta. Alianza de impunidad. Diligentes y obvios son los diputados cuando se trata de aprobar lo que les conviene. Vulgares y dejados, cuando el interés es colectivo. Es la narrativa de nuestras instituciones. De nuestra dirigencia. De nuestras élites. No es solo cuestión de este gobierno. Es el desgaste y la desolación de poco más de 500 años, con mínimos respiros que no alcanzaron. No me importa demasiado si con el vil reparto de magistrados de la próxima Corte Suprema ganó el Ejecutivo o los operadores satélite. No me aflige gran cosa si Líder contará con la lealtad de cuatro o cinco de ellos.

Me indigna y me molesta el daño a gran escala que le han hecho, de nuevo, a la justicia del país. Eso de que haya “sacrificados” en el proceso es aberrante. Implica que la selección no se orientó hacia la idoneidad. Ni hacia la figura honesta. Ni hacia los cuadros más competentes. Es decir, el desastre. Esto no solo significa que no habrá persecución contra corruptos de ayer, hoy y mañana. Esto trae consigo que usted, a quien no le cumplen un contrato o a quien lo estafe algún timador, no podrá aspirar a que las cortes le den la razón, aunque reúna todas las pruebas.

Eso significa que usted, a quien lo atropelle el poder o sencillamente sufra un accidente de tránsito con un sujeto capaz de pagar o de intimidar no tendrá posibilidades lícitas de salir adelante. Eso daña a un sistema. Lo condena. Lo enferma con un mal catastrófico. Y eso es sinónimo de una Guatemala llena de víctimas que provengan de la precariedad. También de víctimas de clase media. Hasta de víctimas con cierto poder adquisitivo, cuando les toque enfrentarse con otros que posean una mayor capacidad de maniobra. Ya lo mencioné antes: sobre todo habrá víctimas pobres, como las de Los Pajoques, por las que muy pocos levantaron la voz. Paupérrimas en ingresos. Pero más en justicia. Pobres víctimas.