Luis Felipe Valenzuela

Su condena

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

El gobierno de Otto Pérez Molina atraviesa uno de sus peores momentos desde que tomó el poder. Algo serio y preocupante ocurre a lo interno de sus filas. Parecieran no ser capaces de salir de la esquina en que la realidad, y sobre todo sus errores, los mantiene contra las cuerdas. No fue una idea lúcida colgar en las páginas electrónicas del Ejecutivo un reportaje de “elPeriódico”, un día antes de que saliera publicado. Semejante tropelía carece de explicación aceptable. Da la impresión de que nos espían a todos. De que no son democráticos en su relación con los medios. Y que la SAAS redujera a la fuerza a dos reporteros prácticamente es reflejo de que se perdieron el control. Porque eso, además de inexplicable, es bochornoso. He aquí un detalle: si tanto molestan las publicaciones del diario, lo que toca es desvirtuarlas con papeles en mano, no infiltrando gente en su redacción.

Supongamos, sin embargo, que es cierto que el material se los enviaron en un sobre. Pues bien, ventilarlo como lo hicieron es burdo y absurdo. Y no los ayuda en nada. Lo contrario sería mostrar sus declaraciones patrimoniales. Con puntos y comas. Nada les sentaría mejor, aunque digan que tal cosa es arriesgada y que al hacerlo ponen en peligro a sus familias. Es mucho más sano que se someta al ojo de la ciudadanía el origen exacto de la plata con que se adquirieron los bienes a los que el matutino hace referencia que sencillamente callar, o bien defenderse solo con movimientos erráticos. Lo correcto y lo oportuno sería presentar la contabilidad y los estados financieros de las compañías que originaron los recursos para agenciarse de ese patrimonio, o bien los documentos de herencia que, según afirman, respaldan parte de esas propiedades. Y así, santos en paz.

Nada como la transparencia. ¿Que la ley no los obliga? Es cierto. Pero esto es de importancia capital, pues resulta sumamente negativo para el país que flote la duda alrededor de quienes encabezan uno de los poderes del Estado. Aunque estemos acostumbrados a eso. Aunque haya sido siempre así, y sean ahora los mandatarios de turno a quienes se señale. Alguien tiene que buscar caminos diferentes para defender su prestigio. Cuando puede hacerlo, claro. Y, comprendo que, si no hay nada que ocultar, les molesten tanto las acusaciones. Por ello conviene defenderse con pruebas. Todas las posibles. Y si el diario ha incurrido en difundir datos erróneos, es justo que los ofendidos lo hagan ver. Y que el medio sufra la sanción de sus lectores. Pero eso no se logra con demandas ni con maniobras, sino con hechos. Hechos concretos y verificables.

Es cierto que en Guatemala no faltan las voces irresponsables y malintencionadas que denigran por deporte a los demás, ya sea por antipatías personales, o bien buscando protagonismo. Los periodistas o los columnistas no tenemos derecho a despedazar a cualquiera en nombre de la libertad de expresión. Eso sería un “liberticidio”, como de algún modo lo describe Mario Vargas Llosa. Todo lo que uno escribe precisa de una confirmación que haga confiable lo que se saca a luz. Y aunque entiendo que, a veces, callar no es otorgar, sino abstenerse de abrir una polémica con un tonto, para un funcionario que maneja recursos públicos debe ser prioridad mantener limpia su hoja de vida. El problema es que en nuestro país, el cinismo ha llegado demasiado lejos. Si no me cree, pregúntenle al Tribunal Supremo Electoral, que no tomó suficiente nota de ello antes de resolver acerca de la campaña anticipada. Y ya empezó a pagarlo muy caro.

La concentración del domingo en la Plaza de la Constitución es un triste ejemplo de eso. ¿Cómo se le ocurre al Patriota cerrar un espacio público para fines partidarios? Tal cosa es prepotente y abusiva. Las quejas abundan por tan descarado atropello. Y, mientras tanto, en la pugna con Jose Rubén Zamora, el Gobierno pierde el encuentro antes de saltar a la cancha. Como lo perdería cualquier equipo de fútbol que, previo al pitazo inicial, decidiera mandar a sus jugadores con una venda en los ojos. Y al paso que va, esta administración irá sucumbiendo en cada batalla, sea esta mediática, institucional o política. La nave del Ejecutivo pareciera ir camino del naufragio. Lo cual no le conviene al país, nos caigan bien o mal los gobernantes actuales. No es tolerable que el partido en el Gobierno desafíe al Tribunal Supremo Electoral, basado en que todos lo hacen. Y, por otro lado, si lo que se publica en su contra es mentira o carece de exactitud, es urgente que lo aclaren. Porque, si es cierto, solo les queda callar. Y ese silencio, de mantenerse, puede ser su condena.