Luis Felipe Valenzuela

Ni cuello blanco, ni cuello negro, de ningún cuello

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Inoportunas las declaraciones tanto del mandatario Otto Pérez Molina como las de la vicepresidenta Roxana Baldetti, en el tema de una posible prórroga de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Su rechazo tan espontáneo y tan enfático que inspira desconfianza.

No era el mejor momento para reaccionar así. No, cuando un par de embajadores ofrecen continuar con el apoyo para el funcionamiento de la entidad. Mucho menos diciendo que, si la Comunidad Internacional quiere ayudarnos, mejor que lo haga con las víctimas de la sequía, como lo dijo Baldetti.

Está demasiado intenso el caso de la presunta red delictiva en el Sistema Penitenciario, y es obvio que el país se encuentra a la expectativa. Y lo peor puede estar aún por venir si Byron Lima realmente guarda algo escandaloso en sus temibles y misteriosos maletines. Hay quienes creen que hasta dramáticas revelaciones del asesinato del obispo Juan Gerardi pueden surgir. Y, en tal sentido, le doy la razón a Dina Fernández cuando afirma que “los silencios de Lima cuentan más que sus diatribas”.

Claro: Está por verse semejante extremo. Mientras tanto, Líder intenta meterle un gol al partido oficial con una pancarta en la que su diputado más revoltoso pide que la CICIG siga en el país, en presencia de buena parte del cuerpo diplomático que asistió a la celebración de Independencia en el Congreso.

Aunque estoy seguro de que tal solicitud no se mantendría, si la Comisión hurgara de manera seria en el financiamiento de los políticos. “Esa puede ser la madre de todas las estructuras”, dijo por la radio Marco Canteo, al ser preguntado acerca de cuál es la “estructura soñada” que debiera desmantelar la entidad internacional antes de retirarse de Guatemala. Y posiblemente esté en lo cierto.

Como es factible que tengan razón quienes consideren que en las cárceles convergen las redes más poderosas del crimen organizado. Duele mucho escribir esto, pero no hay de otra: sin la CICIG no habría sido posible entrarle a una estructura como la de presidios. No necesariamente solo por el conocimiento de investigación criminal que la Comisión posee. Es también por la voluntad de hacerlo. Oigo decir con frecuencia que “todo el mundo sabía lo que ocurría en el Sistema Penitenciario”.

Sí. Y todos sabemos que hay negocios turbulentos en múltiples oficinas gubernamentales. Y que así como abundan los corruptos, no faltan los corruptores. Pero ¿quién se atreve a tocarlos? Vemos a gente en súper automóviles, pese a percibir Q10 mil al mes como sueldo nominal.

Pero nada pasa. Nadie va a prisión. Y los saqueos siguen. Como lo escribí hace ocho días, no soy partidario de una decisión arrebatada en el tema de solicitar una prórroga de la CICIG. La evaluación debe ser integral y no basada en la emoción del momento. Da tristeza, sin embargo, que el asunto se trate con laxa superficialidad y tozudez ideológica. Quienes se alegran del posible fracaso de la Comisión no reparan en que ese mismo fracaso nos lo apuntaríamos como país y como sociedad. Sin embargo, en algo sí estoy de acuerdo con los detractores permanentes (algunos obtusos y malintencionados) de este experimento de Naciones Unidas: la CICIG no nos va a arreglar el problema. Solo nosotros mismos, como colectivo social, podemos lograrlo.

Lo malo es que, desde el poder, nadie quiere perder su condición de “intocable”. Sea cual sea ese poder. Y si de arreglar nuestra justicia se trata, me temo que muchos de los que proclaman esa impostergable necesidad, igual se contarían entre los primeros que sabotearían un sistema judicial que no viera caras, apellidos ni puestos. ¿Quién está dispuesto a ceder sus privilegios de impunidad? Ningún criminal. Ni de cuello blanco, ni de cuello negro, ni de ningún cuello.