María del Carmen Aceña

Centroamérica en peligro

Investigadora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) Investigadora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN)

Recientemente tuve la ocasión de visitar San Salvador y conversar con jóvenes sobre educación y desarrollo. Era un evento que buscaba comprometer a líderes con su país. Me pareció muy interesante que sus planteamientos y sueños fueran muy similares a los que insistentemente presenta la juventud en Guatemala.

Adicionalmente platiqué con unos dirigentes, quienes estaban interesados en informarse cómo eran nuestros países hace varias décadas, durante el conflicto armado; lo que vivimos en aquella época y cómo algunos nos involucramos para cambiar la situación.

Recordé organizaciones, proyectos, desafíos, amistades y canciones como “Alto al Fuego” y “Centroamérica”, de Alux Nahual, que nos motivaron a tener energía y contar con un imaginario distinto. Freddy, un joven, me preguntó: “¿No será que la guerra continúa?”, opinión que me hizo pensar y reflexionar. Tres de los países de la región –Guatemala, El Salvador y Nicaragua– sufrieron décadas de lucha entre dos bandos, tratando en finalizar las discrepancias de distinta forma.

Guatemala y El Salvador con procesos políticos y Nicaragua con una dictadura que se ha ido transformando. Honduras no tuvo guerra interna; sin embargo, actualmente es el país con la mayor tasa de homicidios del mundo. Nos queda Costa Rica: nación pacífica, país admirable en sus avances de desarrollo humano y democracia –que se convirtió en “el jamón del sándwich”, especialmente cuando Manuel Antonio Noriega amenazaba con apropiarse de Panamá–.

A pesar de que hemos avanzado en estos 30 años, aún no hemos sido capaces de lograr sistemas económicos y sociales eficientes y competitivos para generar riqueza. Actualmente, la mayoría de los países centroamericanos presenta grandes retos para los próximos tiempos. Luego de los conflictos armados, aún contamos con los mismos problemas de aquel entonces: poca educación, salud deficiente, inseguridad y escasa inversión. Esto se traduce en falta de oportunidades, insuficiente desarrollo, ausencia de armonía y cuantiosa pobreza.

Los niños y los adolescentes migrantes, la amenaza de las maras, el abuso del narcotráfico, pugnas y corrupción de políticos, violencia, crimen y drogas son los titulares de todos los días. ¡Qué complejo! Y, entonces, me preguntaba Ana: “¿Qué hacemos? ¡Yo sí quiero un cambio para mi país!”, respiré profundo y le respondí: “Ponernos a trabajar para cambiar esta situación”.

El reto más grande es contar con jóvenes capacitados y generar grandes cantidades de empleo en territorios donde no hay paz. Considero que en los próximos años debemos hacer esfuerzos genuinos por diseñar e implementar agendas de desarrollo para la región. En el corto plazo es urgente contar con programas masivos, usando la tecnología y las mejores prácticas del mundo. Importante coordinar con los empresarios locales e internacionales para conocer cuáles son las competencias que se requieren para generar posibilidades de empleo, aumentar los ingresos de la población y lograr bienestar local.

En forma urgente requerimos seguridad ciudadana, partiendo de aplicar la ley a todos los grupos paralelos que operan en la región. Esto implica voluntad política para vigorizar las fuerzas de seguridad, fortalecer los sistemas de justicia y penitenciario, y coordinar esfuerzos. Nuestra región está en peligro, y como dice la canción “…Centroamérica, no debemos llorar…” ¡a trabajar! De nosotros depende el futuro. ¿Cuál sería su aporte?