Luis Felipe Valenzuela

Proceso

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Se acabó el Mundial. Se fueron los memes del Mundial. Ya no hay tiempos extra del Mundial. Pero quedan las lecciones del Mundial. Los grandes ganadores. Los grandes perdedores. Los que ganaron sin ganar.

Los que perdieron sin perder. Y sobre todo los procesos. Está claro que lo de Alemania no fue una casualidad. Luego de una racha desastrosa que empezó en 1994, y que duró lo suficiente como para que los alemanes dejaran de contar en el concierto de las naciones futboleras, la apuesta de la Bundesliga fue rejuvenecer su estilo. Y con ello, el estilo de la Mannschaft, como se conoce al combinado nacional de ese país.

No obtuvieron resultados inmediatos. Si nos enfocamos solo en esta etapa, pasaron 10 años antes de conseguir algo realmente grande. Como debe ser. Aquí, por el contrario, queremos soluciones mágicas para todos los problemas, y desdeñamos la idea de poner en marcha políticas de continuidad. Si hablamos de educación, a la siguiente semana exigimos maestros bien pagados y con la capacidad de forjar juventudes. Si el tema es la economía, los empleos y el crecimiento tienen que darse por generación espontánea, ya sea con la mano invisible del mercado, o bien con el estatismo a ultranza.

Jamás con un acuerdo; nunca con lo mejor de los dos mundos. Pues bien, Alemania no vio así las cosas. Joachim Löw fue asistente de Jürgen Klinsmann antes de ocupar su silla de director técnico. No rompió con los lineamientos del hoy entrenador de Estados Unidos, sino que los mejoró. En el recorrido, obviamente, hubo sufrimientos. La amarga derrota frente a España en Sudáfrica 2010. O el durísimo revés recibido de Italia en la Eurocopa pasada, cuando Balotelli les hizo dos goles en cuestión de minutos y los dejó frustrados en el camino. En realidad, con este tipo de búsqueda, no hubiera importado mucho perder frente a la Argentina de Messi el pasado domingo. Igual lo habrían logrado después. Y, además, su toque de balón ya había sentado cátedra en la goleada histórica contra Brasil. Pero insisto: ello no fue producto de una jugada azarosa del destino. En esto hubo un objetivo trazado, una hoja de ruta. Y mucho trabajo de equipo y en equipo.

El caso de Costa Rica es similar. Entre la selección liderada por Luis Gabelo Conejo en 1990 y la que se acaba de cubrir de gloria con Keylor Navas en la portería también hubo un proceso. Con alegrías y con penas. Pero ahora, de manera invicta, la selección tica se fue de Brasil 2014 con el sabor dulce de la faena monumental. No ganaron el campeonato. Pero igual ganaron. Me pregunto: ¿Cuándo nuestra dirigencia tendrá la altura para desarrollar el fútbol en Guatemala? Se ve lejos semejante cosa. Me conformo con presenciarlo de anciano.

Mas lo dudo. Porque, en el desafío de hacer grande a un país, no valen sino las apuestas de largo plazo. Las que se sostienen con visión, compromiso, valentía y voluntad política. Lo que nos falta no solo en el deporte, sino también en la ciudadanía. En eso, sobre todo. Y, si queremos salir de este agujero de círculos viciosos, conviene aprender de quienes lo han hecho bien. Y, claro, si lo intentamos en serio, estar preparados porque habrá resbalones. Tragos de hiel. Arenas movedizas. Y derrotas. La vida es así, inevitablemente. Si no me cree, pregúntele a Holanda que, sin ningún resultado adverso en este torneo, perdió la copa que se veía tan cerca cuando destrozó a España. Algún día, sin embargo, la naranja mecánica terminará ganado alguna final. Tanto va el cántaro al agua que al fin no se topará con uno de sus selectos verdugos. Este mundial dejó muchas sorpresas. Memorables tiempos extra. Memes muy ingeniosos. Rompió con la historia. Y todo cambió aunque, al final, llegaron los de siempre.

Argentina, por cierto, con una entrega extraordinaria que pudo merecer más. Pero Alemania es un digno campeón al que le sobran motivos para celebrar. No tanto por los laureles que se lleva. Ni siquiera por la cuarta estrella. Su máximo triunfo se resume en una palabra. Y esa palabra es: proceso.