Giovanni Fratti

Vuela

Abogado y notario, periodista independiente y catedrático universitario. Abogado y notario, periodista independiente y catedrático universitario.

La preciosa, única y bella esperanza cierta que da el resplandor iridiscente del colibrí que se posa soberbiamente bello en la frágil rama del ciprés. Es extraordinariamente bella, inusual en su tamaño, forma, vuelo, es verdaderamente único el pequeño resplandor, que en realidad es un ave.

Es único no por grandioso, o rapaz, no por enorme o mortal, sino porque en su preciosa belleza es sutil, inmensamente bello, pero no vanidoso en su belleza, pues no la conoce, no es consciente de ella, ¿o sí?

La fragilidad de la perfección de la belleza fugaz del colibrí es única, y Guatemala es un país rico en muchísimas cosas, pero una de las más fascinantes es su riqueza en especies de colibríes. “Tzunun”, me parece, es la palabra en lengua kaqchiquel o quiché, que igualmente siempre me ha parecido mágica y extraordinaria, así como los colores de un mercado guatemalteco en día de plaza, lleno de flores, verduras, frutas, candelas, algarabía, movimiento, comercio, niños corriendo, canarios en una pequeña jaula de un anciano que proclama seguro que el mágico canario predice la suerte por un quetzal…

Hoy escojo escribir de la belleza de la indomable naturaleza de la tierra guatemalteca y de su vibrante y pujante vocación por el comercio, especialmente del pueblo indígena porque, a pesar del pesimismo inherente a algunos economistas, el crecimiento sostenido de la economía guatemalteca nos lleva aceleradamente a tener cada día más la posibilidad de salir de la pobreza, que ya solo representa 14 o 18% de la población y que cada día más (es mi segura predicción) se irá reduciendo aceleradamente a medida que ese crecimiento económico silencioso, a veces imperceptible para algunos, maliciosamente encubierto o escondido por otros, sigue inexorablemente su paso fuerte y seguro hacia el mañana.

Obviamente ese crecimiento, como el de cualquier adolescente, traerá dolores. Habrá acomodos que hacer al principio, las ciudades principales y secundarias se volverán un tanto más llenas, las carreteras o los transportes quizá a veces se queden un poco atrás, pero si nos damos cuenta, si vemos a nuestro alrededor, nuestro país ha llevado a cabo, por el esfuerzo del trabajo duro y honrado de millones de guatemaltecos dignos adentro y afuera, un pequeño milagro económico que no terminamos de entender.

El 60% de la población ahora vive en ciudades, el PIB supera por mucho los US$80 mil millones (según el poder adquisitivo de la moneda ajustado al tipo de cambio con el dólar), el per cápita es de más de US$5 mil 500 al año y la economía guatemalteca es el motor de Centroamérica, incluyendo a Panamá (la economía que más crece en toda la AL) y representamos entre 30 o 35 por ciento de todo el PIB centroamericano. La otra excelente noticia es que México, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Panamá también están creciendo, con lo cual Guatemala se verá favorablemente impactada y, gracias al comercio, crecerá aún más.

No todo es color de rosa, por supuesto, aún hay retos institucionales y republicanos que lograr, como la seguridad ciudadana y de la propiedad privada, y una verdadera apertura comercial al mundo entero, hay todavía microminorías violentas que escogen la mentira y la propaganda sorda, ciega y necia para seguir la guerra fría desde el extremo siniestro, pero cada vez son menos, cada vez son más débiles y cada vez se desprestigian en mayor grado entre la población de clase media que igualmente ha crecido mucho durante los últimos 20 años. La juventud puja, riñe, pelea y exige una nueva patria, el potencial, el talento, el empuje y la determinación cada vez son más fuertes, y la educación tanto secundaria como universitaria se ha expandido enormemente, logrando ya al menos una decena de universidades y miles de institutos de educación diversificada nuevos. En una palabra, el colibrí toma vuelo, ahora debe sin vanidad reconocer su grandeza.