María del Carmen Aceña

Menores migrantes

Investigadora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) Investigadora del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN)

Neto es un joven guatemalteco que conocí hace unos años en Washington DC. Tenía grandes deseos de superación. Sin embargo, su situación era ilegal. Varias veces intentó vivir allá, pero sin éxito. Con mucha valentía contaba la agonía de sus viajes para cruzar las fronteras y los peligros que corría. “¿Y por qué lo haces?”, le pregunté, “porque quiero una vida mejor”, respondió.

El tema de menores de edad indocumentados, mayormente de Guatemala, El Salvador y Honduras, que se encuentran en Estados Unidos, es muy preocupante. Recientemente se informó que desde octubre pasado alrededor de 52 mil menores de la región han sido arrestados al cruzar la frontera sur de Estados Unidos sin permiso migratorio. Esta situación motivó en gran parte al vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, a visitar Guatemala y sostener una reunión el 19 de junio con los presidentes de los tres países. Fue categórico diciendo que los menores que ingresen “solos” serán deportados, postura reafirmada por el presidente Barack Obama la semana pasada.

Aparentemente en Estados Unidos se han habilitado una serie de albergues para estos migrantes, pero debido a la cantidad, la situación es insostenible. Las leyes migratorias de este país señalan la atención y los procesos de los menores de edad, lo que requiere un tiempo de estadía en el país.

Es difícil entender cómo los padres de estos niños y adolescentes han permitido que sus criaturas se sometan al peligro de cruzar fronteras, viajar con desconocidos, exponerlos a drogas y prostitución, pasar hambre, e inclusive a perder la vida. ¿Qué los hace tan desprendidos?

El Triángulo Norte es una de las subregiones más peligrosas del mundo. Honduras es el país con mayor tasa de homicidios, y El Salvador y Guatemala están entre los primeros 10. Las instituciones gubernamentales son frágiles, especialmente en las fronteras, donde se han creado condiciones severas de descomposición: crimen, contrabando y tráfico de personas, drogas y armas.

Los presidentes de los tres países se pronunciaron el viernes 27 de junio en la Cumbre de la República Dominicana, declarando que se realizarán acciones conjuntas en sus fronteras, articularán el trabajo de sus consulados y harán campañas de prevención sobre el tema de la migración de menores.

“Queremos más apoyo en la prevención que en la disuasión”, comentó el presidente Otto Pérez Molina. En ese sentido, esperamos que se tomen acciones inmediatas y concretas. En seguridad ha prevalecido invertir en tecnológica, cámaras y equipo, pero es imperante invertir en el recurso humano y activar en forma inmediata –con fondos públicos– un plan de emergencia en prevención para la población más vulnerable en riesgo no solo de migrar, sino también de delinquir.

Lo que es obvio es que nuestros países deben crear oportunidades de desarrollo y empleo, y fortalecer la seguridad ciudadana. La mayoría de los gobiernos ha priorizado agendas partidarias y no se ha enfocado en el progreso económico y social de la población, muy diferente a Costa Rica, que por años ha invertido en el área social. De forma inmediata los países debieran analizar sus sistemas de salud, educación y transferencias condicionadas y realizar radicales reformas para lograr servicios públicos de calidad para toda la población.

Adicionalmente, los sistemas de seguridad y defensa deben ser fortalecidos. Erradicar la corrupción es determinante. Nuestro territorio está en guerra, y no queremos aceptarlo. ¡Es duro, pero debemos afrontarlo con coraje! Usted, ¿qué piensa? ¿Enviaría a sus hijos a los Estados Unidos sin ninguna protección?