María del Carmen Aceña

¡Feliz Día del Padre!

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

Esta semana se celebra el Día del padre. Posiblemente no es tan mencionado ni elogiado como el Día de la madre; sin embargo, es muy importante su cariño, presencia y aporte en el desarrollo de un hogar y especialmente la formación y educación de los hijos.

Tuve la bendición de tener un padre excelente. Con sus virtudes nos enseñó a ser más humanos y mejores personas. Él fue uno de esos personajes que posiblemente no destacan como figuras públicas, pero sí en el corazón de cada uno de quien lo conoció.

Para él todos los seres humanos eran prójimos –es decir, próximos–, por lo tanto había que servirlos y tratarlos por igual. “No criticar” era su lema y cómo ayudarera su constante dilema. “Siempre tan gentil”, como decía una amiga; un hombre galán, gracioso, amable y cortés, que, no importando la ocasión, continuamente brindaba un saludo cordial, una sonrisa franca, unas palabras de consuelo o una frase de buen humor, para alegrar a las personas con las que convivía día a día.

Humilde, constantemente orgulloso de las acciones de sus amigos, familiares, compañeros y trabajadores. Los detalles eran su tarjeta de presentación. En su mente invariablemente estaba fija la idea de cómo agradar a los demás, seguido por acciones y regalos que les daban un toque lindo a nuestras vidas. Un hombre honorable, transparente y recto. Fiel a sus principios. Nos enseñó que la única forma de tener éxito en la vida y paz con uno mismo es ser consistente con los valores éticos y respetando las normas. Y, si estas no te satisfacen, hay que cambiarlas, pero con trabajo, diálogo y acciones.

El orden, la disciplina y la tenacidad lo caracterizaban. Activo y trabajador. Le gustaba organizar eventos y reunir personas. Era un gran líder. Su alegría y carácter jovial nos animaba a todos a seguir adelante. Buscábamos en su compañía aliento, paz, orientación, amistad y amor. Apoyar a los demás era su alimento diario. Desprendido de sí, para dar de sí. Su bondad nos hizo felices a todos. Él era feliz, con la felicidad de los demás. Para él las cosas tenían valor si se compartían. Desde escuchar una buena pieza de música, pasando por una película de acción, leer un poema, hasta degustar una taza de café o un buen whisky; todo debía hacerse con pasión y plenamente.

“Uno aprende a ser padre con los hijos”, nos decía…no hay manual”. Frase que escuchábamos especialmente cuando pensaba que había sido muy estricto, había fallado o nos percibía incomprendidos. De verdad, lo extraño. Pero lo llevo en mi alma y en mi ser.

Si usted es padre, acérquese a sus hijos; escúcheles, ámelos y guíelos. Muchos de los desafíos actuales con la juventud y la violencia se deben a que varios padres están ausentes. Hoy más que nunca requieren de su apoyo, estructura, orden y tiempo. Si ha estado apartado y alejado de sus vidas, acérquese a ellos. ¡Qué sorpresa que lo hiciera esta semana!

A todos los padres, mis mejores deseos en su día, que esta semana sea plena y que esté rodeado de sus hijos.