Johan Öberg

Elecciones primarias pasan por fortunas en Estados Unidos.

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Una gran cantidad de dinero está fortaleciendo el firme control sobre la política estadounidense. Seis sentencias de la Corte Suprema de Justicia, en la última década, han eliminado gradualmente los límites sobre cuánto puede legalmente gastar un candidato presidencial. Y el mayor donante de todos, el magnate Sheldon Adelson, ha empezado a invertir en los candidatos republicanos para las elecciones presidenciales de 2016.

Adelson gastó cerca de US$100 millones en promocionar a los candidatos republicanos en la última campaña de 2012. Sus fondos están todavía con Newt Gringrich, a pesar de que las encuestas sugieren pocas probabilidades para el expresidente de la Cámara. Ocasionalmente, Adelson está dirigiéndole sus millones de dólares a la campaña de Mitt Romney.

Ahora el multimillonario, uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna que asciende a aproximadamente US$40 mil millones, se prepara para las próximas elecciones. Para esta primavera arregló cenas privadas con varios candidatos en su casa de Las Vegas. Entre los nombres de más alto perfil están el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, y gobernador de Florida, Jeb Bush.

A estos eventos se les conoce a menudo como “primarias de la riqueza” y comienzan antes que las primarias del partido, un proceso en el cual cada partido elige su principal candidato a la Presidencia.

“Durante las elecciones primarias de la riqueza, los estadounidenses más ricos se aseguran que los programas y agendas solo incluyan las políticas y las ideas que más les convengan”, explica Jeffrey Winters, profesor de Ciencia Política en Northwestern University.

En el caso de Sheldon Adelson, quien le teme a la “economía de estilo socialista” de Obama (como él la catalogó), la agenda debe tratar sobre todo de impuestos bajos y apoyo incondicional a Israel en el conflicto con los palestinos. Los estadounidenses más ricos están obteniendo cada vez más influencia política, ya que se están eliminando gradualmente los límites legales de gasto en las elecciones políticas.

La sentencia de 2010 de la Corte Suprema de Estados Unidos, que allanó el camino para los llamados “super PACs”, y otras cinco decisiones de la misma instancia, en la última década, han abierto las compuertas para el gasto. Con el ciclo de elecciones presidenciales en el año 2000 (incluidas las elecciones al Congreso) a 2012 el gasto se duplicó a US$6.3 mil millones, según datos del Center for Responsive Politics.

Dos grandes partidos en Estados Unidos están siendo financiados por enormes flujos de dólares de estadounidenses ricos. Hillary Rodham Clinton será la favorita indiscutible para los demócratas si ella decide postularse a la presidencia. Todo depende de su decisión.

Los hermanos Koch, propietarios del gigante grupo químico Koch Industries, se encuentran entre los más activos en aumentar el gasto y el debate. Su organización Americans For Prosperity es uno de los inversionistas más grandes para la causa republicana. El profesor Robert Reich, secretario de Trabajo durante la administración de Bill Clinton, está muy preocupado por las tendencias oligárquicas en su país: “Estados Unidos no es todavía una oligarquía, pero ahí es donde nos están llevando los Koch y otros pocos multimillonarios”.

El profesor Jeffrey Winters concluye: “No es exagerado decir que hay una crisis oligárquica en la democracia estadounidense”.

 

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“No es exagerado decir que hay una crisis oligárquica en la democracia estadounidense. El país no es todavía una oligarquía, pero es ahí a donde la están llevando”.