María del Carmen Aceña

¿Llegar para quedarse?

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

Hace unos años cuando trabajé en el gobierno recuerdo que un amigo me comentó: “Tienes que comprender que es para cuatro años”. Inicialmente se visualiza como extenso; sin embargo, los años pasan rápido y así como se puede estar satisfecho por los logros, también hay algunos que inician con temas como “muy corto el tiempo”, “somos tan buenos que debemos quedarnos”, “no van a continuar con lo que iniciamos”… a esta situación la denomino el síndrome del político en el cargo. Al final son excusas para extender su mandato, tema que no debiera estar en discusión.

Recientemente, hemos escuchado a varios de los funcionarios públicos respecto de ampliar el periodo presidencial, parlamentario y edilicio de cuatro a seis años. Es lamentable pretender cambiar las reglas a mitad del camino, en vez de concentrarse en trabajar arduamente y lograr que las reformas iniciadas se consoliden, sistematicen y conviertan en parte del Estado.

El síndrome del político en el cargo es peligroso. Tenemos varios ejemplos en Latinoamérica. Algunos de estos se han tornado en llevar desde reformas legales para ampliar el periodo hasta nombrar a los presidentes de forma vitalicia. Posiblemente lo que está sucediendo en nuestra región es que los países aún no cuentan con las instituciones necesarias para lograr la democracia –sistemas de gestión, rendición de cuentas, pesos y contrapasos, y participación ciudadana–.

En los años ochenta se iniciaron procesos serios de transformación en la región. A pesar de que la mayoría de países “se democratizaron”, en los noventa se produjeron cinco golpes de Estado y cuatro destituciones y/o renuncias de presidentes. Luego, surgió un nuevo modelo cuya estrategia consiste en llegar al poder por la vía democrática; modificar la constitución para ampliar periodos presidenciales, darle poderes especiales al mandatario –anulando el papel del Congreso–, copar partidariamente las cortes y los órganos de control; y como broche de oro, perpetuarse en el poder “vitaliciamente”. Asesorados por los cubanos el país que inició con el patrón fue Venezuela (1999), seguido por Bolivia (2006), Ecuador y Nicaragua (2007).

También vemos un caos en Argentina cuando una pareja, los Kirchner, desde el año 2003 ha ejercido la presidencia. Pero también hay países que han fortalecido su democracia. Colombia es un buen ejemplo. Durante la presidencia de Álvaro Uribe (2002-2010) se modificó una vez el marco legal, luego de dos periodos, se intentó una vez más, pero no se dio el aval. Chile y Perú también son interesantes. Su constitución permite que un expresidente tenga una segunda oportunidad. Michelle Bachelet, quien fue presidenta en 2006-2010, volvió a participar obteniendo el triunfo. Alan García, en Perú, fue dos veces presidente y hoy el país tiene un buen desempeño económico, social y político. También contamos con países como Brasil, Costa Rica, Uruguay, Panamá y El Salvador, donde en la últimas dos décadas ha habido alternancia en el poder, y se sostiene la democracia.

¿Qué ha pasado en Guatemala? Hemos tenido un poco de todo. Partiendo de presidentes como Cerezo y Colom, que desearon extenderse vía la esposa; Serrano, que dio un golpe de Estado; y Ríos Montt, que ha sido uno de los casos más patéticos. A pesar de que tenía una prohibición constitucional, su estrategia consistió en tomar las instituciones democráticas y lograr el poder. Aquí fallaron las instituciones, pero el voto ciudadano optó que no. Esperamos que el actual gobierno no se sume a otros. ¿Cambiaría usted la Constitución para extender el mandato?