Luis Felipe Valenzuela

Por lo que duele o por lo que se ama

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Uno quisiera saber cómo mejorar este país. Cómo hacerlo viable. Cómo darle solidez a sus instituciones. Cómo acabar con la impunidad. Con la corrupción. Con la pobreza. Y a uno le surgen ideas. Pero encontrar la respuesta de aceptación unánime no es posible. Lo cual no solo es normal, sino que, en perspectiva, enriquece las opciones de propuesta.

Tal vez la palabra clave en todo esto sea “ciudadanía”. Sin el tal vez. Ciudadanía activa. Esa que se hace sentir. Que es sistemática. Que se apasiona por sacar adelante un proyecto.

Voy al grano. Para desarrollar acciones que oiga la voz de la gente, lo primero, según yo, es plantearse qué de lo que nos afecta puede tener alcances colectivos. Es decir, para que no se perturben aquellos a quienes les causa ronchas la palabra “colectivo”, me refiero a algo que sea de interés nacional. O regional. O de vecindario. Le pregunto esto que una vez me preguntaron a mí: ¿Conoce qué hace el Cocode de su barrio? O transcribo aquí lo que declaró en un ENADE el analista Moisés Naim: “Es urgente establecer la diferencia entre habitantes y ciudadanos”. Y no está de más apuntar lo que en una entrevista me mencionó el presidente de la Cámara de Comercio, Jorge Briz: “Es fundamental el diálogo. Pero un diálogo con resultados”.

Un buen ejemplo de esto es Madres Angustiadas. Recuerdo cómo algunos se burlaban de ellas en sus inicios. Hasta llegué a oír que unos colegas las llamaban las “madres perfumadas”. Y no faltaron voces que pronosticaran, en tono contundente, que iban a ser “llamarada de tusa”, y que cuando se les pasara la emoción de salir en los medios, iban a desaparecer sin pena ni gloria.

Pues bien, ya han transcurrido casi 20 años y las Madres Angustiadas siguen ahí. Son parte del Movimiento Pro Justicia y han peleado batallas junto con sectores muy disímiles a ellas en materia ideológica, pero con quienes comparten el ideal común (y colectivo) de un sistema judicial depurado y decente. Ellas transformaron su preocupación en acción. Como lo hizo en su momento Helen Mack, cuyo origen en el mundo de los Derechos Humanos es el horrible asesinato de su hermana. Helen, contrario a lo que muchos piensan, no proviene de un hogar de izquierdas. Pero su presencia en las luchas contra la impunidad se ha vuelto un referente en Guatemala. Tanto ella como Madres Angustiadas surgieron del dolor que causa la violencia en un país sin instituciones. Ambas sufrieron el vejamen y la tragedia, pero no se quedaron cruzadas de brazos, resignadas a su suerte, sino que prefirieron intentar lo que parecía imposible. Y no son las únicas.

Existe también otra vertiente de ciudadanía que se inspira en el gusto del alma. Hubo un tiempo, por citar un caso, que existía la Asociación de Amigos de Manuel José Arce. Y ellos, con su entusiasmo, lograron durante su existencia, difundir la obra del excelso escritor, fallecido en Francia en 1985. Desconozco si se mantienen en pie. Pero lo que lograron cuando eran más notorios, no lo olvido. En síntesis, la pregunta clave para hacer ciudadanía puede ser individual. Es decir, desde la perspectiva de lo que se siente en carne y alma. Y lo aclaro, por aquello de quienes desdeñan por principio eso de los “derechos individuales”. Pero así empieza todo. Si a usted le importan los jaguares, haga algo por ellos. Si a usted le arrebataron el celular a punta de pistola, forme un grupo para darle seguimiento a ese delito en particular. Si usted es víctima del atropello de un colegio profesional, cuyo Tribunal de Honor apaña a los corruptos, únase con otros afectados y haga sentir su indignación. Eso puede lograrlo enterándose de lo que hace el Cocode de su barrio. O siendo ciudadano (a) y no solamente un (a) habitante. Y también dialogando. Dialogando con una meta establecida, para así alcanzar consensos y, por ende, resultados. Me explico: la ciudadanía, esa que desde lo individual es capaz de favorecer lo colectivo, puede encenderse tanto por lo que duele, como por lo que se ama.