Claudia Virgina Samayoa

Ideología, la mala palabra

Activista de los Derechos Humanos en Guatemala Activista de los Derechos Humanos en Guatemala

Estimados lectores y lectoras: a finales del siglo XX, cuando cayó el muro de Berlín y se disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se anunció el fin de las ideologías en forma prematura y equivocada.

A partir de ese anuncio libertario se satanizó la acción social que supera el individualismo. De esa cuenta se ha vuelto un lugar común descalificar la posición de otro porque está ideologizada ante una supuesta superioridad de lo técnico.

Esta posición tiene una consecuencia perversa porque nos hace negarnos como personas. Resulta que así como la sonrisa y el llanto nos hace humanos las ideas y las creencias también.

La ideología no es más que el conjunto de ideas y principios a partir de los cuales interpretamos nuestra realidad. Todos tenemos una ideología, estemos conscientes o no de ella.

La mayoría de las personas utilizamos la expresión “primero Dios”.

Esta expresión refiere a la idea que nosotros no manejamos nuestro destino, que no importan nuestras decisiones, ya que el poder supremo decide lo que nos ocurrirá.

Realmente, esta idea sobre el destino ya no es vigente en la mayor parte de religiones y en ideologías no religiosas porque anula nuestro libre alberdrío y la responsabilidad moral sobre las consecuencias de nuestras decisiones y acciones.

Ahora les hice pensar sobre su ideología y podrá cada uno afirmar lo que piensa sobre la libertad, la responsabilidad moral y el destino. Con más o menos palabras.

Así como desarrollamos ideas sobre temas éticos y religiosos, también lo hacemos sobre la sociedad. Algunos piensan que la libertad es el valor fundamental a proteger en la vida social, otros piensan que es la igualdad y una tercera vía indica que es la equidad.

Para algunos toda política pública debe favorecer a la persona y, por lo tanto, cada quien puede resolver sus problemas y el gobierno debería reducirse a ser policía y juez: de eso se desprende la oposición a pagar impuestos y la idea que la pobreza se resuelve con caridad.

Otros creen que el bien común es el fin de la política pública y por lo tanto va a plantear que el Estado tiene que dar más servicios y, a través de los impuestos redistribuir la riqueza.

Y hay quienes plantean que la comunidad puede resolver todas las necesidades en forma solidaria y sin tener que recurrir a un Estado que reprime lo que somos.

Esta última idea es parte de la ideología comunista. Es una vieja idea de la humanidad que se parte de un ideal. Para Jacques Rousseau, los humanos naturalmente somos buenos y vivimos en comunidades ideales.

Para Karl Marx, el desarrollo social y económico desembocaría en una vivencia comunista, luego de eliminar las formas de explotación que experimenta el pueblo.

Como ideas, ninguna puede asumirse como la verdad. La ideología son aquellas ideas que me sirven para orientar la acción y que siempre cambian en función de la experiencia y el diálogo que hacemos con otros.

Así es que la próxima vez que un funcionario público diga que “no se puede dialogar porque se ideologizó la discusión”, rechacemos su intervención y preguntémonos cuáles son nuestras ideas sobre del tema y cuáles son las de los otros.

El diálogo puede empezar si discutimos las ideas.