María del Carmen Aceña

Desarrollo rural

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

A pesar de los desafíos que enfrentamos los guatemaltecos, el espíritu emprendedor es admirable; sin embargo, no contamos con los elementos para tener éxito. Un estudio realizado en 2011 coloca a nuestro país entre las diez economías más emprendedoras de 54 analizadas, pero la sobrevivencia de los negocios es muy baja, ya que solamente 2.2 de cada cien guatemaltecos logran establecer una empresa capaz de generar ingresos en forma permanente por más de tres años y medio; el desafío es más complejo en el área rural.

¿A qué se debe el fracaso? Una investigación reciente que elaboraron el CIEN y la Fundación Friedrich Naumann titulada “Emprendimiento y Desarrollo Rural en Guatemala”, señala que a lo largo del tiempo se han adoptado diversas políticas y programas en búsqueda del desarrollo rural; sin embargo, hasta el momento todas las acciones implementadas han carecido de continuidad y no hay una mejora sustancial en este campo. http://tinyurl.com/lwlevbx

Las áreas rurales en Guatemala son espacios geográficos que habita más de la mitad de la población, que no tienen fácil acceso a las instituciones públicas ni a los servicios básicos, por lo que iniciar y sostener una actividad económica resulta mucho más complicado. Mientras el 50% de los habitantes del área urbana han logrado completar la primaria, los habitantes del área rural apenas alcanzan tercero primaria. Adicionalmente, más de la mitad de los niños menores de 5 años que residen en el aérea rural presentaba desnutrición crónica, mientras que en el área urbana, el 29%. Poco acceso a servicios como agua potable y drenaje coloca a la población del área rural en un mayor riesgo de contraer enfermedades, asimismo restringe su capacidad de implementar nuevas estrategias de producción agrícola por falta de electricidad y carreteras.

En Guatemala, el 53% de los emprendedores guatemaltecos comienza porque han encontrado una oportunidad de hacer negocios y el resto reconoce que emprenden por necesidad de tener una fuente de ingresos en ausencia de un trabajo asalariado. Sin embargo, de los emprendedores de oportunidad, 25% dejaría de ser emprendedor si una empresa le ofreciera la opción de trabajar por un salario igual a las ganancias que genera en su negocio. Esto evidencia que la mayoría de emprendedores en Guatemala inicia su negocio porque no tiene otra forma de generar sus ingresos, y lo hace en ausencia de otras alternativas, principalmente el trabajo asalariado. En el área rural, el emprendedor es hombre (58%), joven (menor de 44 años), con poca educación formal (solo 10% ha estudiado en la secundaria) y apenas logra Q1,400 de ingresos mensuales.

El estudio concluye que las restricciones más severas para el emprendimiento, en especial en el área rural, son: 1) el acceso limitado al financiamiento, 2) la falta de educación, capacitación y conocimientos, 3) la dificultad para ampliar mercados, 4) las deficiencias en los derechos de propiedad, 5) el crimen y la violencia y 6) el costo de cumplir con la formalidad.

¿Qué se propone? Pues luego de haber leído el estudio, se deduce la necesidad de impulsar una verdadera agenda de progreso para el país, superando las restricciones transversales al desarrollo en Guatemala. ¿Qué significa esto? Transformar la educación y la salud, invertir en infraestructura, lograr acceso a crédito y establecer ley y orden. Como dice un colega “el desarrollo económico y el social son dos caras de la misma moneda: sin más empleos y oportunidades económicas no hay salida a los problemas sociales”. ¡Aprovechemos el potencial!