Luis Felipe Valenzuela

Fe en lo humano

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Esta es la historia de varios heroísmos. Algo que todos sabemos, pero que es imprescindible recordar. El trabajo de los bomberos en el triste incendio de La Terminal merece ser reconocido con ovación de pie. Tanto el de los Municipales (BM) como el de los Voluntarios. Tanto el de los Voluntarios (CBV) como el de los Municipales.

Y sumado a ello, la espontánea solidaridad que surgió de mucha gente que, sin tener ninguna de sus pertenencias entre las llamas, ayudó sin vacilaciones a los angustiados que veían, con horror, que el fuego los dejaba literalmente en la calle. Y en esa cuenta heroica figuran los reporteros de diferentes medios de comunicación, que se rifaron el físico para dar la mejor cobertura posible, e informar acerca de los peligros y los tropiezos que, de manera dramática, se vivieron en ese intenso episodio.

Voy ahora a datos que me llaman la atención. Según me dijo el comandante Carlos Ruiz Burgos, de BM, en la faena hubo muchos que se jugaron la vida. Sus cálculos sugieren que solo 3 ó 4 de cada 10 apagafuegos disponían de un traje especial para protegerse de las llamas. Y es entendible el porqué: cada uno de esos atuendos, que son en realidad herramientas de trabajo, cuesta cerca de Q150 mil.

Es cuestión de hacer números. ¿Alcanzarán los Q57 millones asignados a CBV y los Q14 millones a los BM para que los socorristas adquieran lo que necesitan para emergencias como la del pasado martes? La respuesta es NO. Y aquí me adhiero a las palabras de Luis Linares, director ejecutivo de ASIES, quien me dijo en A primera hora que considera indigno que los bomberos tengan que pedir dinero dinero en las calles.

Pero la verdad es que no es precisamente indigno para los bomberos, sino, sobre todo, para nuestra sociedad. Es cierto que grandes siniestros como el de La Terminal no son asunto de todos los días. Sin embargo, por la cantidad de accidentes que cubren los cuerpos de socorro y los incontables ataques armados que se reportan en cada fecha del calendario, casi cualquier presupuesto resulta insuficiente. Y en un país donde todo es prioridad, no hay recursos que alcancen.

Esa es una realidad con la que nos vemos obligados a vivir. La precariedad de nuestros héroes para enfrentar situaciones extremas los hace aun más admirables. Me basta con cerrar los ojos y recordar los relatos de Verónica Paz, Jaime Montenegro o Léster Ramírez, los tres periodistas de Patrullaje Informativo, para imaginarme la angustia vivida por los miles de afectados que dejó este siniestro. Pero me entusiasma, en lo que cabe, percatarme de la respuesta tan humana que dan, en momentos como este, quienes se identifican con el dolor ajeno.

Eugenio Fernández, un experto en el tema de emprendimiento, me relató lo terrible que es una quiebra para alguien que le apuesta su sobrevivencia, y la de su familia, a negocios como los que se consumieron en ese mercado de la zona 4. Me dice que el shock puede durar años. Y que sobreponerse, aunque obligado, no es tarea sencilla ni exenta de rigores que rayan en lo atroz. No critico el apoyo que el Gobierno prestó a la comuna capitalina para descombrar el sitio.

Pero hacer el programa presidencial allí estuvo de más, como de menos percibí la proyección del alcalde en este suceso. Quedan infinidad de preguntas por responder. ¿Cómo explicar esas granadas de uso militar encontradas adentro del mercado? ¿Qué tipo de estructuras criminales operan adentro de La Terminal? ¿Hubiera llegado a tal magnitud el incendio de haberse originado en horas hábiles? ¿Cómo van a controlar que los préstamos blandos ofrecidos por la presidencia lleguen a quienes realmente urgen de éstos y no a los oportunistas que suelen subirse al barco para sacar raja de la desgracia ajena? Mas no escribí este artículo para enfocar esos temas.

Lo que quería era reconocer el valor, la gallardía y la grandeza de quienes colaboraron en mitigar esas terribles llamas. Empezando por los bomberos, claro. Tanto los Voluntarios como los Municipales. Tanto los Municipales como los Voluntarios. Sin olvidarme de mis colegas que también desempeñaron su labor con coraje y pasión. Y sin ignorar a los múltiples héroes anónimos que no escatimaron esfuerzo para hacer equipo con los socorristas. En un país tan lleno de desesperanza, saber que uno cuenta con manos para salir de una pesadilla, siempre estimula una convocatoria a la fe en lo humano.