Luis Felipe Valenzuela

Respeto para todos.

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Es definitivo: la gestión de la fiscal general, Claudia Paz y Paz, llegará hasta mayo. Es lo que, en ley, correspondía, según mi criterio. Es decir, el fallo de la Corte de Constitucionalidad está apegado a derecho. Pero eso es solo parte de la historia. La otra es la que viene a continuación.

Y esa, por mucho, es más significativa para el país. El trabajo de Paz y Paz al frente del Ministerio Público puede analizarse desde diversas aristas. Mi evaluación es, por cierto, positiva y esperanzadora. Sería mezquino regatearle méritos en cuanto a su desafío al sistema, no solamente al intentar procurarles oportunidad de justicia a quienes por siglos no han gozado de ella, sino también en sus números contra la impunidad que son estadísticamente buenos.

No comparto su planteamiento de haber juzgado por genocidio a los dos militares a quienes se acusó de tal cosa, entre otras razones porque ello trajo consigo dos consecuencias que, de algún modo, chocan entre sí: una, que el debate no se centró en la urgente necesidad de hurgar en nuestro horrendo pasado, para así determinar con valentía las atrocidades que se cometieron al hacer víctima a población civil desarmada, especialmente del lado de las fuerzas de seguridad, sin que ello exima a los guerrilleros de sus múltiples crímenes.

La otra, por simplista e irónica que parezca, que el no haber intentado juzgar a los dos generales “solo” por delitos de lesa humanidad le facilitó el trabajo a su defensa, por más que haya habido condena de por medio. Me explico: había un juicio que se desarrollaba afuera de la Torre de Tribunales.
Eso lo sabíamos todos. Y en la discusión de si hubo o no genocidio en Guatemala se nos perdió de foco que, se les llamara como se les llamara, las masacres de los años 70 y 80 dejaron muerte y tragedia por donde pasaron. Y ese dolor, nos guste o no, hay que exorcizarlo.

Y en ese sentido, es tal la obsesión de negar la barbarie (y tal la obsesión de capitalizarla, por el otro lado) que actuar o no actuar en consecuencia era un “pierde-pierde” para ella. Lo cual, de por sí, es de suyo complejo. Por una parte, hubo y hay campañas permanentes de desprestigio en su contra que rayaron en el insulto personal. Y eso es inaceptable. Tan inaceptable como cuando, por haber sido un militar de los tiempos del conflicto armado, se descalificara de entrada a Otto Pérez Molina como presidente.

Aquí tenemos que aprender a evaluar a las personas no por sus antecedentes ideológicos, sino por su honestidad y sus capacidades. Y el paso de Paz y Paz por la fiscalía nos ha mostrado tal cual somos. Nunca antes vi tanta pugna mediática por otro que ocupara ese puesto. Y por ese cargo, antes, pasó de todo, incluso lo peor. Los logros de la fiscal, de la mano con dos ministros de Gobernación, en la captura de cabezas del narcotráfico, los violadores de la Roosevelt, u otros como la rápida e impecable investigación en el caso Facundo Cabral son, entre varias, tres de sus mejores cartas. Me queda a deber en la persecución de corruptos. En eso pudo haber hecho más. Asimismo, en coadyuvar a que quienes no entienden la diferencia entre bloqueo de carreteras y manifestación legítima sintieran más el peso de la ley.

Admito, sin embargo, que la bajeza del Congreso al no integrar el consejo del MP ha sido un obstáculo para que su labor fuera más eficiente, ya que más de cien empleados que deben ser despedidos por ineficientes o por malos manejos siguen ahí, muertos de la risa, pagados con nuestros impuestos y sin que ello les importe a nuestros parlamentarios, que sabotean al país con su desidia.

Ayer le pregunté a Fernando Linares Beltranena y a Nery Rodenas, dos abogados de pensamiento contrario, si le ven alguna posibilidad a la reelección de Paz y Paz. Ambos coinciden en que no hay manera de que el presidente le dé luz verde a ella para otros cuatro años. Sin embargo, considero decisivo que la fiscal lo intente. Y que el proceso se siga sin presiones, ni de aquí ni de allá. La justicia es uno de los principales retos que tiene Guatemala.

A lo mejor, el principal. Hemos avanzado un tanto, aunque no lo suficiente. Y este proceso debe continuar, pese a que vivamos en un medio en el que, sospecho, buena parte de quienes defienden ciegamente a la actual jefa del MP lo hagan solo basados en el juicio por genocidio, y no en sus ejecutorias en otras áreas, y que la mayoría de quienes atacan implacablemente a Paz y Paz sea en realidad fanáticos de Guerra y Guerra, si me entienden. En síntesis: pido serenidad a ambos lados de esta contienda. Y especialmente respeto. Respeto para todos.