María del Carmen Aceña

Mano segura: el desarrollo

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

A pesar de que hace varias décadas América Latina y el Caribe era una de las regiones que presentaba un gran potencial, los retos que enfrentamos actualmente son complejos. Nos hemos convertido en un lugar un tanto agresivo y violento cuyos habitantes tienen poca educación y salud. Hemos tenido muchos gobiernos incapaces y corruptos, y el crecimiento económico de varios de nuestros países es insuficiente.

El pasado lunes el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 “Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina”. El estudio viene a acentuar con datos realidades que ya se conocían y presenta una serie de recomendaciones sintetizadas en diez planteamientos que pueden contribuir al cambio.

Lamentablemente, alrededor de un tercio de los asesinatos del mundo se comente en nuestra región.

Una encuesta citada en el informe afirma que 5 de cada diez latinoamericanos perciben que la seguridad en su país se ha deteriorado, más de la mitad ha dejado de salir por la noche y un 13% comentó haber sentido la necesidad de cambiar de residencia. En 11 de los 18 países analizados se encontró una tasa de homicidios arriba de 10 /100,000 (la mundial es de 7, la de Centro América es 41 y la de Guatemala 34).

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y Delitos señala que el crimen y la violencia están fuertemente asociados con la existencia de un gran número de población juvenil, especialmente en los países en desarrollo. De casi todos es sabido que los que más riesgo corren son los hombres jóvenes (víctimas y victimarios). En América Latina, según el PNUD la tasa de homicidios de jóvenes es superior al doble de la tasa para toda la población –aproximadamente 70 por cada 100 mil jóvenes. El robo, especialmente el que se comete con violencia, es también un desafío. El estudio comenta que durante los últimos 25 años, 20% de la población encuestada había sufrido algún tipo de robo, muchos de ellos cometidos con violencia. La publicación también asevera que la extorsión y el secuestro son prácticas que están afectando seriamente la tranquilidad de la población.

¿Qué hacer? Basado en experiencias en otros países y las recomendaciones de varios estudios, se puede concluir que el recurso más importante para lograr seguridad ciudadana es el desarrollo. El desarrollo implica inversión: inicialmente en las personas –sistemas de educación y salud de calidad, así como en servicios de infraestructura como agua, energía, transporte y otros.

Pero también tenemos que mejorar nuestro imaginario, conciencia y alma por medio de la evolución de principios, valores y formación de carácter –iniciando en cada persona, en los hogares, los barrios, las organizaciones, las empresas, las instituciones, las sociedades y los países. Preparar a los jóvenes para la vida y el trabajo es esencial con el fin de que en el futuro tengan una vida digna y muchos dejen de delinquir. Esto implica también fomentar la inversión, dinamizar la economía y generar empleos. Personas fortalecidas lograrán también instituciones fuertes y blindadas ante los desafíos complicados del siglo XXI –corrupción e influencia de grupos organizados en contra de la ley, traficantes de drogas o dominios políticos deshonestos–.

Debemos lograr sistemas de mérito y transparencia con funcionarios probos que las dirijan. La aplicación del Estado de Derecho es clave, por lo que se requiere regímenes de justicia de calidad, fuerzas de seguridad que protejan a los ciudadanos y sistemas penitenciarios modernos.

¿Es esto mano dura? No. Esto es mano segura, compuesta de elementos que generan capacidades. Anhelamos ser un lugar en el mundo donde lo más preciado sean sus habitantes y en el cual todos quieran vivir. Un territorio tranquilo, próspero y lleno de oportunidades. ¿Cuál sería su aporte?