Luis Felipe Valenzuela

Harina de otro costal.

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Inaceptable el atentado contra la vicepresidenta Roxana Baldetti. Condenable y ruin. Pero a la vez revelador de aristas muy feas de nuestra sociedad: lo que circuló en redes sociales haciendo mofa en doble sentido de la agraviada se pasó de vulgar y de grosero. Me recordó la crueldad contra Sandra Torres cuando se divorció del entonces mandatario Álvaro Colom. Crueldad que, paradójicamente, era aplaudida por algunos que hoy rechazan con indignación lo que se escribe contra Baldetti.

Esto es confundir libertad de expresión con libertad de agresión, a veces con el añadido cobarde del anonimato, y en otras, con la firma de gente que, se supone, conoce de respeto y hasta dice defender a los demás de los atropellos del poder. Ni qué decirlo: si la justicia no logra convencer a la opinión pública de que la investigación es contundente y sin vicios, el episodio será un “pierde-pierde” para el partido en el gobierno y para la oposición más beligerante.

Dicho en pocas palabras, la judicialización de la política, viento en popa. En cuanto al episodio en sí, nadie en sus cabales puede hacer una tontería tan supina solo por demostrar coraje. De las dos jóvenes señaladas de lanzar cal a la vicepresidenta, únicamente puede deducirse esto: o les pagaron para hacerlo, o tienen algún tornillo zafado y carecen de materia gris como para medir el mínimo peligro.

Con una guardia más atenta, hasta pudieron haber corrido la infausta suerte del lechero Sas Rompich. A lo que se añade que una de ellas es confesa y que el ataque está totalmente documentado. ¿Cómo atenuarles así los cargos? Ahora bien, el manejo precario de la situación, tanto de la SAAS como de la comunicación gubernamental, despierta asimismo infinidad de dudas.

¿Por qué filtrar a los medios la foto de Baldetti en la emergencia del hospital? ¿Por qué avisarles cuando regresó el pasado viernes durante 40 minutos por problemas de presión baja? Eso lleva a pensar en una victimización orquestada. ¿Cómo nos explican que ya estaban siguiendo el automóvil de las agresoras desde un día antes, cuando, según aseguran, se le vio estacionado frente a la sede de Líder? Nadie hasta el momento ha sido capaz de pormenorizar de dónde sale dicha certeza.

También es raro que, habiendo sido cal, y siendo la cal tan abrasiva, la SAAS se haya dado el lujo de esperar una ambulancia por más de 20 minutos para trasladar a la vicepresidenta. Por ese tipo de enredos, las pruebas que se presenten deben ser incuestionables. Porque si tal como dicen en el Patriota, el partido Líder está involucrado en esto, muy claro quedaría no solo que es muy escaso el ingenio de dicha agrupación, sino que el futuro bajo su mandato podría ser negro.

Y es que a pesar de la tan prolongada interpelación y de sus ya conocidos antecedentes en teatro barato, me cuesta creer que sean tan burdos en algo tan obvio. Sin embargo, hay suficiente información de que Karlos de León, a quien se señala de la autoría intelectual, sí ha participado con ellos de manera abierta, a lo que se suma el ofrecimiento de ayuda a las ofensoras que se le encomendó a la diputada Delia Back.

De ahí el “pierde-pierde”, ya que aquí solo veo tres escenarios posibles: uno, que sea una cortina de humo del Gobierno. Dos, que haya sido un resbalón perverso de Líder. Y tres, que las dos jóvenes hoy detenidas estén “de atar” y que por 15 minutos de notoriedad se encuentren dispuestas a guardar prisión. Por cierto, es la tercera la que veo menos dañina para Guatemala; casos aislados de locos abundan en el mundo. Lo que preocupa aquí es que las vísperas anuncien unas fiestas tan tormentosas, a menos de doce meses de entrar oficialmente en “año electoral”.

Y lo escribo entrecomillado, porque de sobra sabemos que aquí la campaña nunca termina. Y en un país con una historia tan errática y tan violenta, esta agresión contra Roxana Baldetti no puede sino inquietarnos y ponernos a meditar. No es gracia lo que ocurrió. Tampoco lo que ha evidenciado: falta de respeto a las figuras públicas, precariedad institucional y la crítica inmisericorde que, con una buena dosis de razón, ejerce una población llena de rabia. Porque mientras nos concentramos en un hecho atípico de la paupérrima política criolla, el inaplazable acuerdo mínimo sigue sin esperanzas de llegar. Y eso, para quienes se benefician de esta podredumbre moral, es ganancia a corto plazo. Para el resto de la gente, lamentable y desolador. Por ende, harina de otro costal.