María del Carmen Aceña

Mérito en Educación.

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

Que los niños y jóvenes sueñen y logren sus sueños era la inspiración del Ministerio de Educación en la década pasada. Años después escuchamos una campaña de comunicación del Presidente comentando que es por esos sueños que se está trabajando. Soñadores somos, pero ¿alcanzaremos nuestros sueños?

Inicia el ciclo escolar y todos con entusiasmo deberíamos estar pendientes del tema educativo. Lamentablemente, en vez de enfocarnos en preparar a los niños y jóvenes, remozar las aulas, motivar a los docentes y abrir con alegría y entusiasmo las escuelas, nos encontramos con incertidumbre y tensión entre los líderes sindicales y las autoridades.

Uno de los principales logros en los últimos años es la cobertura de la educación primaria. Sin embargo, existen desafíos importantes relacionados con la calidad educativa. En su ausencia, los niños y jóvenes tendrán dificultades para desempeñarse económica y socialmente. Los estudios muestran que un elemento clave para el progreso de un país es la cantidad y calidad de educación.

El Banco Mundial señala que la educación es uno de los instrumentos más poderosos para reducir la pobreza y la desigualdad y sienta las bases para un crecimiento económico sostenido. Adicionalmente, los expertos afirman que aunque influye tener aulas confortables, contenidos curriculares actualizados, materiales didácticos ejemplares y útiles escolares de calidad lo más importante para el aprendizaje del alumno es un buen maestro.

La palabra “educación” viene del latín “educere”, que significa guiar, conducir, y “educare”, que expresa formar o instruir. La baja calidad educativa se debe en gran parte al conocimiento de los maestros y a su falta de vocación. Los maestros aspirantes a plazas en nuestro país obtienen bajos porcentajes de logro (solo una tercera parte domina la matemática y la mitad el lenguaje).

Adicionalmente, el sistema de reclutamiento no premia al excelente maestro, sino al que tenga las “mejores referencias o conectes” ya sea del partido político de turno, de miembros del Congreso, de alguno de los sindicatos, de los alcaldes u otros grupos de presión.

Lamentablemente, en la actualidad no existe una carrera docente que establezca en forma clara la formación inicial requerida, los procedimientos de contratación, ascenso, despido y jubilación, y las opciones de crecimiento profesional y formación continua.

En los niveles educativos de preprimaria y primaria, según el Decreto 1485, se debe evaluar cada cuatro años a los docentes en el escalafón de acuerdo con criterios de servicio, calidad, superación, méritos especiales y servicios extracargo. En la realidad no se observan criterios de desempeño por resultados, sino únicamente de cumplimiento de requisitos. Esto genera desinterés por perseguir una mejora permanente.

Adicionalmente, la promesa y la suscripción de pactos colectivos de parte del Ejecutivo con los sindicatos, de aumentos salariales anuales generalizados, están poniendo en peligro la gobernabilidad, ya que no se cuenta con los recursos económicos. Equivocadamente algunos políticos opinan que estas prácticas asegurarán votos a futuro, y han convertido esta cartera en un botín, logrando que muchos de los maestros se interesen exclusivamente en el dinero y no en los estudiantes y su educación.

Si seguimos con este tipo de prácticas, lejos de mejorar nuestra educación, vamos a retroceder, y nuestros niños y jóvenes difícilmente lograrán una vida digna. ¡Urge promover el mérito en el sistema educativo y dejar atrás el clientelismo político!