Luis Felipe Valenzuela

Jugarse la vida.

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Esto que voy a proponer es imposible en la práctica. Es de verdad mucho pedir. Y, sin embargo, lo planteo. Siempre me ha gustado confirmar que solo se llega a las costas deseadas, intentando lo que la mayoría de marineros considera inalcanzable. Hoy presenta su informe el presidente Otto Pérez Molina.

Puedo vislumbrar su tono de voz. Sus cifras optimistas. Sus justificaciones. Hasta podría adelantar esto: ese 56% de aceptación que le atribuye la encuesta de “Prensa Libre”, cuyos números colocan a su administración mejor que a las tres anteriores, le dará un respiro y hasta algún impulso para su discurso. Mas lo que yo esperaría, de entrada, es que burlara el protocolo y que además proyectara serenidad en sus palabras.

Que evitara la extemporánea fogosidad de campaña. Que empezara mencionando en lo que ha fallado y que fuera cauto en destacar sus logros. Logros que hay, sin duda. Pero que por ahora no sacan a cabalidad la tarea. Que asumiera con humildad la decepción de buena parte de su electorado. Que se quejara sin misericordia de algunos consejeros. Que admitiera el enorme terreno que, por asesoría deficiente, ha cedido por errores evitables. No le vendría mal, además, una disculpa por sus desafortunadas declaraciones acerca de la selección de México.

Y sería saludable que explicara, con absoluta franqueza, por qué tolera tanto desbarajuste en su equipo. Y también por qué no desvanece en el instante los muy repetidos señalamientos de corrupción que se blanden como espadas implacables hacia sus colaboradores, y hasta en su contra. Imagínese usted al mandatario presentando su declaración de probidad actualizada, con un documento que detalle el origen de su patrimonio. Y que sumado a él, lo mismo hiciera el resto del gabinete, no por órdenes giradas desde su despacho, sino sencillamente siguiendo su ejemplo.

Es mejor eso, por peligroso que parezca, que mantener viva la duda entre quienes siguen las noticias y después permean con sus opiniones al resto de la población. Me entusiasmaría que el jefe del Ejecutivo definiera sus prioridades para los próximos dos años, de una manera más directa de cómo lo hizo por medio de los tres pactos. Y muy importante: que dijera cómo quiere ser recordado. Si por avanzar en el combate a la desnutrición, o bien por dar pasos significativos en desmantelar las mafias que acorralan a los ministerios más apetecidos en materia de negocios millonarios.

Entiendo que no se puede todo de un solo plumazo. Este es un país con demasiadas deudas atrasadas. Y con corruptos por doquier. Apreciaría sobremanera que el Presidente fuera lo más sincero que el pragmatismo permite, para describir los favores políticos que se ve obligado a hacer por los compromisos adquiridos cuando recorría el país pidiendo el voto. Que, escogiendo con tino y estrategia sus batallas, desenmascarara a algunos de los sectores que, con careta de limpios, someten al Estado a favor de sus espurios intereses.

E insisto: no pido magia, sino voluntad. Solicito, con todo el respeto, que el mandatario se visualice a dos años plazo, cuando ya no cuente con la escolta presidencial y la cantidad de privilegios que ésta conlleva, y que se sitúe en dos escenarios contrarios: uno, en la tranquilidad del deber cumplido; otro, en la angustia de ser acusado de incapaz o de cómplice.

Que acepte que, dentro de poco más de 700 días, tendrá que vivir alejado del poder, y que sus hijos y sus nietos, pero especialmente las actuales y las futuras generaciones, le agradecerían que su gestión no terminara en un terrible fiasco. Me ilusiona pensar en un informe que le declarara la guerra al clientelismo y a la improvisación. Soy entusiasta en esa clase de locuras. Pero resumiendo mi utópica visión, voy con lo siguiente: maravilloso sería que Otto Pérez Molina ofreciera jugarse la vida por el país.

Y que, añadido a ello, estuviera dispuesto a hacerlo. Porque jugarse la vida por Guatemala implica romper en definitiva con los seres de cloaca que asedian a los gobernantes para sacar provecho de nuestra desvencijada institucionalidad. Lo escribí al principio: lo que propongo es imposible en la práctica y también es mucho pedir. Pero igual, uno jamás debe rendirse a la hora de sembrar esperanzas. Sí, señor Presidente: lo que le pido es que, por este país, usted se juegue la vida.