Luis Felipe Valenzuela

Los hijos de Cristina

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

¿Qué haría usted si fuera un familiar de los hijos de Cristina Siekavizza? ¿Le gustaría que, si caminara con ellos por un centro comercial, se le quedaran viendo y le hicieran evidente que han notado su presencia? ¿Se sentiría cómodo leyendo a diario titulares que hablaran de esto? ¿Qué pensaría de que la tragedia de esos dos niños fuera un tema dominante en las redes sociales?

Seguramente todo aquello lo abrumaría. Y pediría que los dejaran descansar un poco. Suplicaría que se ocuparan de otros asuntos y que le permitieran iniciar un proceso para devolver a los pequeños a un entorno sano. He ahí lo terrible y lo delicado de una situación que despierta tanto morbo. Confieso que, por ello, me sentí ingrato e incómodo desplegando toda la fuerza reporteril a mi cargo para darle una completa cobertura.

Por más respeto que se haya dispensado hacia la familia en el trabajo periodístico, resulta excesivo lo que se hizo. Excesivo en función de la tranquilidad de gente que se ha visto asediada por la tragedia por más de dos años. Y claro, alguien dirá que bien pudo optarse por un seguimiento discreto para evitar el escándalo y la pirotécnica.

Pero frente al escenario me planteo la otra pregunta que completa el dilema ético: la historia era tan pública que ignorarla hubiera sido negar el oficio periodístico; el suicidio profesional de dar la espalda a lo que la gente quería conocer. Nadie dijo que esto fuera fácil. Ni lo será nunca. Sin embargo, después del acto de contrición, lo que busco es llamar a las reflexiones a quienes no se han sentado a pensar en lo importante que será, de ahora en adelante, permitir a esta familia cerrar sus heridas poco a poco. Porque lo que viene presagia tormentas, pese a lo esperanzador del cuadro.

Tal y como me lo esperaba, Roberto Barreda se declaró inocente. Lo cual implica que, por el momento, determinar dónde se encuentran los restos de Cristina no es factible en el corto plazo. Ello, partiendo de que, como casi todo el mundo da por hecho, Barreda lo sepa. Es esencial que la justicia haga su trabajo de una manera efectiva y rápida. Es vital, asimismo, que las autoridades y el activismo alrededor se abstengan de alardes de protagonismo.

Que nadie salga con que pretende medallas por esta captura. Sería de mal gusto. Y es preciso que se complete la verdad, por dura que sea. Desde el principio, el “Caso Siekavizza” ha visibilizado dos aberraciones de nuestra sociedad. Una, la de la violencia contra las mujeres, vista como “normal” por mucha gente que hasta la justifica argumentando que es “parte de nuestra cultura”. La otra, la de las desapariciones forzadas ocurridas masivamente durante el conflicto armado, crímenes a los que apenas se les ha prestado atención, no solo antes de la angustia que sobrelleva hoy la familia de Cristina, sino después de conocida la inminencia de su fatal destino.

Soy periodista. Amo mi profesión y no puedo callar que el trabajo hecho por editores y reporteros de Emisoras Unidas fue titánico, y que muchos laboraron durante 27 horas continuas en la cobertura. Nos tocaba. Es nuestra obligación. Pero también debe serlo el respeto a un drama que marca la vida de varios seres humanos. Es fundamental estar conscientes de que los adultos disponen de herramientas para defenderse, por ardua y compleja que sea la coyuntura. Pero los niños, no. Ellos no pueden resolver, en un parpadeo, la carga traumática. Es imperativo exigir que haya justicia. Que se sepa el paradero de Cristina. Que se establezca quiénes ayudaron a Barreda a escapar y a esconderse. Sin caza de brujas.

La Fiscalía debe cumplir su tarea y probar lo que las evidencias refrenden. Confieso que me cuesta entender que el hijo de la expresidenta de la Corte Suprema haya permitido que su mamá haya purgado cárcel tantos meses sin entregarse. Por ahora, solo insisto en algo: hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que se respete a los hijos de Cristina.