María del Carmen Aceña

Prevenir la violencia.

Por: Publinews

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña
Investigadora Asociada
CIEN

El tema de inseguridad y violencia es la preocupación más grande de los guatemaltecos. Este desafío no solo es de nuestro país. En general muchos países de Latinoamérica, en especial los de Centroamérica y el Caribe, presentan la misma intranquilidad. Según señalan estudios de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, los países del Triángulo Norte se enfrentan con niveles de violencia extremos, agravados por la delincuencia organizada transnacional y el tráfico de drogas y tienen una de las tasas de homicidio, más altas del mundo.

Si comparamos Guatemala, El Salvador y Honduras, Guatemala presenta una mejora en su tasa de homicidios la cual en cinco años bajó de 46 a 34 por 100 mil habitantes, mientras que El Salvador reporta una tasa de 69 y Honduras de 92, posiblemente la más alta del mundo.

¿A qué se debe este problema? Se señala que nuestros países son vulnerables debido a la ubicación geográfica, que los hace apetecibles para el crimen organizado y el narcotráfico. En las últimas décadas Centroamérica se ha convertido en el principal corredor de droga, trata de blancas, migrantes y pandilleros provenientes del Sur, con rumbo al Norte y viceversa.

Además, la alta corrupción en los cruces fronterizos hace más vulnerable a la región para combatir la violencia. Asimismo, la poca inversión de los gobiernos en materia de seguridad ciudadana y la deficiente educación y salud de sus habitantes los hace más sensibles aún. Adicionalmente, se señala que la violencia está focalizada en algunos municipios de la región.

Los jóvenes son las principales víctimas de los homicidios y de cualquier crimen en general. En Guatemala, aproximadamente dos terceras partes de las víctimas tienen entre 11 y 30 años. Y alrededor del 80% de los victimarios son jóvenes entre 18 y 35 años.

Las recomendaciones van por el fortalecimiento de las instituciones de seguridad y justicia, así como diseñar y activar una agenda de desarrollo. Sin embargo, hay muchos niños, jóvenes y familias que en el corto plazo se encuentran muy asequibles ante la violencia, por lo que es imperante la intervención del Estado en una estrategia de prevención. Aunque en 2005 se creó la Política Nacional de Prevención de la Violencia Juvenil, esta no fue promovida en los siguientes gobiernos.

El año pasado el Viceministerio de Seguridad Ciudadana y Apoyo Comunitario del Ministerio de Gobernación inició un proceso de diseño de una nueva política de prevención del delito enfocada en la adolescencia y juventud. Se hicieron consultas ciudadanas en las que se incluyó a jóvenes del interior del país y diversos sectores. Asimismo se tomó en cuenta a las autoridades locales y a líderes de la sociedad civil. Lamentablemente se hizo un cambio en la conducción de este vicedespacho y a un año después, aún no hay resultados.

Se recomienda publicar e implementar una política, para brindar las directrices nacionales en materia de prevención. Adicionalmente es importante crear, mejorar y fortalecer los sistemas de seguridad. A pesar de que se han logrado avances, los actuales sistemas de seguridad ameritan reformas institucionales integrales e integradoras. Además se requiere desarrollar acciones específicas en los niveles de prevención primario y secundario.

Estas deben ser detalladas, implementadas, monitoreadas y evaluadas periódicamente. La prevención en estos niveles, implica focalización y sostenibilidad. Se recomienda priorizar intervenciones a nivel municipal donde se tienen los mayores desafíos de violencia.