Luis Felipe Valenzuela

A muchas metas del milenio de distancia.

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

El avión que el presidente Otto Pérez rentó para asistir a la Asamblea de las Naciones Unidas, por el que se pagaron, según reportes de prensa, US$30 mil, pone contra las cuerdas al Gobierno y le crea antipatías en todos los segmentos de la población. No encuentro manera plausible de justificar semejante gasto. Ni la comodidad del mandatario ni el ahorro de su tiempo son argumentos suficientes como para aceptar que funcionarios de un país como el nuestro viajen con esos lujos. Sobre todo cuando con frecuencia se proclama que los recursos no alcanzan.

Hasta el momento, no ha habido una explicación coherente de parte de ningún vocero gubernamental acerca de esta decisión. Nadie nos dice por qué lo hicieron. Ni a quién le rentaron la aeronave. Ni dan detalles de cuál fue la razón de fondo para exponerse a una crítica generalizada por algo que, sin precisar de excesivo análisis, conlleva un ineludible desgaste por lo que significa en medio de tanta precariedad que se enfrentan en esta Guatemala en la que abunda la pobreza.

¿Cómo puede entender alguien que sufre las limitaciones y las iniquidades del sistema nacional de salud que su presidente viaje en condiciones de magnate? ¿Qué puede pensar y sentir un padre de familia que ve casi en ruinas la escuela a la que asisten sus hijos, luego de conocer la noticia del jet privado que lleva a varios funcionarios de Gobierno a una reunión en Naciones Unidas? ¿Qué hubiera dicho el mismo Pérez Molina desde las filas opositoras, si el entonces presidente Álvaro Colom hubiera salido con algo semejante? Las abuelas suelen decir que “no es tanto el pecado, sino el escándalo”.Y, en este caso, el escándalo radica en la falta de transparencia para manejar el asunto, así como en la nula reacción a la noticia.

Si se opta por alquilar una aeronave para ir a un destino como Nueva York, hacia el que no faltan vuelos comerciales, la nobleza y la decencia obligan a fundamentarlo frente a la ciudadanía, ya que, después de todo, somos los contribuyentes quienes terminamos sufragando esas erogaciones. Muy diferente sería la reacción popular y mediática si, en vez del boato hasta ahora percibido, la comitiva presidencial se hubiera decantado por una aerolínea de las tantas que vuelan hacia Estados Unidos.

Es más, yo de asesor hasta les habría recomendado viajar en clase turista. Y aunque tal vez muchos lo hubieran calificado de “show”, el camino más consecuente era ese. Y de haberlo hecho así, el mandatario se estaría ahorrando hoy el innecesario desgaste y las incómodas preguntas que la prensa le formula. Además, no puede dejarse de lado que el gasto corriente ha estado cubriéndose con letras de tesorería, lo cual hasta podría eventualmente poner en peligro el cumplimiento del pago de planillas en las entidades gubernamentales si los préstamos pendientes de aprobación en el Congreso siguen detenidos.

Pero más allá de eso, el manejo de situaciones políticas parece no ser el fuerte de quienes aconsejan al Presidente. Es muy pobre de parte de ese equipo no prever los escenarios y las consecuencias que una decisión de este calibre puede acarrear. Lo cual trae consigo que la administración de Pérez Molina, a la que le sobran conflictos y frentes abiertos, incurra en resbalones perfectamente evitables. Este asunto del avión debe ser aclarado a la brevedad posible.Con documentos. Con números comparativos. Con argumentaciones de peso. Si, por ejemplo, la explicación es contundente y el haber erogado unos Q230 mil se justifica de algún modo, seré el primero en admitir la ligereza de mis comentarios.

Pero si, tal como sugieren las circunstancias actuales, no existe manera creíble y razonable de respaldar la decisión, tocará al régimen hacer un profundo examen de conciencia y hasta presentar disculpas a la gente por no actuar de acuerdo con la mínima austeridad que las condiciones del país nos imponen. Él sabe que no puede darse el lujo de seguir equivocándose en cuestiones como esta.

Por más que le digan que su popularidad se mantiene, no hay que olvidarse de lo volátiles que pueden ser las encuestas cuando la seguidilla de errores cala en la población. Y así como se criticó al anterior jefe del Ejecutivo por viajar en el avión de uno de sus financistas, no puede pasarse por alto el oneroso gasto que, sin una explicación que me haga retractarme, resulta toda una ofensa para un país en el que la gente sigue muriéndose por falta de insumos en la red hospitalaria. Que quede claro: para llegar a las condiciones de tener un presidente del jet set, estamos a muchas metas del milenio de distancia.