David Trads

Espionaje daña las relaciones de Obama con América Latina.

Por: Publinews

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Este es un hecho escalofriante: Si usa internet, si envió un mensaje de texto, si alguna vez hizo una llamada telefónica o si va a ir a una biblioteca pública, bueno, entonces usted probablemente está siendo espiado por Estados Unidos.

El grado de espionaje que el preside Barack Obama hizo es tan grande que es casi increíble de creer. Ya sabemos que la infame Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en inglés) está interceptando todo, ¡sí: todo! , la comunicación global como Facebook, Twitter, YouTube, Gmail y mucho más. Ahora también sabemos que el espionaje no se limita a los ciudadanos comunes, no, va recorriendo todo el camino hasta la cima.

“TV Globo”, el gran canal brasileño, documentó que la NSA tiene acceso a mensajes de texto de Enrique Peña Nieto, presidente de México, y de Dilma Rousseff, mandataria de Brasil. Es un escándalo gigantesco que evidentemente daña las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. México y Brasil son las dos economías más importantes del continente, ambos países son miembros del grupo del G20 (las naciones más influyentes del mundo) y son amigos de Estados Unidos. Obama “le echó sal” a la herida al afirmar que su país intenta “dirigir” su espionaje a “áreas específicas de interés”.

Obviamente las reacciones han sido intensas: el Gobierno brasileño está pensando seriamente en obligar a las compañías americanas que cooperen activamente con la NSA (tales como Google y Facebook) a cerrar dentro del país. Un potencial contrato con la empresa estadounidense Boeing, para ofrecer nuevos aviones de combate al Ejército brasileño, también está en riesgo. Una visita de Estado prevista para Estados Unidos el mes próximo por Dilma Rousseff será eclipsada por el escándalo de espionaje.

Las revelaciones de que Estados Unidos hizo espionaje, incluso a los presidentes de los dos mayores países del continente, es tan solo uno de los últimos ejemplos de cómo se han deteriorado las relaciones entre el norte y sur de América. Todo comenzó cuando Edward Snowden, un exempleado de la NSA, comenzó a infiltrar información de la agencia secreta a través del diario británico, “The Guardian”. Snowden, quien había escapado de Estados Unidos antes de que su historia se diera a conocer, trató de obtener asilo político en varios países de América Latina: Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero el Gobierno estadounidense presionó a los países latinoamericanos para que se abstuvieran de ayudar al hombre que considera un traidor.

Todos recordamos cómo el presidente boliviano, Evo Morales, fue humillado cuando su avión privado fue obligado a aterrizar en Europa en su camino de regreso Moscú-La Paz, porque se sospechaba que Snowden podría estar a bordo. También recordamos cómo el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, fue “intimidado” por una llamada telefónica que le hizo Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, para no concederle asilo a Snowden. Ahora parece como si los líderes de América Latina no hayan tenido suficiente del comportamiento de su “Hermano Mayor”, el norte.

El espionaje descarado de Estados Unidos que se documenta cada vez más está congelando las relaciones entre Obama y sus colegas. Después de un par de décadas de buenas relaciones que comenzaron en los años noventa, este nuevo problema las echa de nuevo hacia abajo. Muchos latinoamericanos sienten que Estados Unidos está reviviendo su vieja costumbre de hacer lo que se le dé la gana con sus vecinos del sur y la palabra “neocolonialismo” está siendo escuchada nuevamente desde Río Grande hasta laTierra del Fuego.

Es irónico que Barack Obama, quien era muy popular en América Latina al ser electo por primera vez en 2008, esté siendo percibido ahora como uno de los “viejos villanos” como Richard Nixon y Henry Kissinger. Si Obama quiere cambiar su imagen y realmente quiere ser visto como un líder fiable en el continente, entonces es hora de que detenga la ola de espionaje más indiscriminada. Es la oportunidad, porque esto se ve feo en este momento.