David Trads

Después de King, Obama es la esperanza para los afronorteamericanos.

Por: Publinews

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Para quien crea en la igualdad de los derechos para todos, sin importar la raza, la religión, el sexo, la nacionalidad o la etnia, Martin Luther King es un gran héroe. La visión por la que King luchó (que una persona siempre debe ser valorada por sus actos, no por el color de su piel) es obviamente una de las más importantes.

Su discurso “I Have a Dream” (Tengo un sueño), el cual dio en Washington D.C. hace 50 años, ha sido la mejor alocución política. Recuerde los antecedentes: en 1963 los afronorteamericanos fueron fuertemente discriminados, segregados en las escuelas, de los bebedores independientes de agua, de los asientos de los autobuses, los cuales estaban reservados para ciudadanos blancos, y efectivamente estaban impedidos para votar.

Toda esta situación fue una vergüenza para el país de la libertad, pero llevó a alguien tan extraordinario como King a despertarlo:

“Tengo el sueño de que mis cuatro hijos un día vivirán en una nación donde ellos no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”, declaró King.

El entonces presidente John F. Kennedy vio el discurso televisivo (como en general lo hicieron millones de estadounidenses) el cual tocó a casi todo el mundo. El discurso tuvo tal efecto como un terremoto, a tal magnitud que un año después la Ley de Derechos Civiles fue aprobada en el Congreso y la discriminación fue prohibida.

Pero todos sabemos que el nirvana todavía no ha llegado a Estados Unidos. Los afronorteamericanos ya no permiten ser linchados en público y son muy raros los racistas que se exponen notoriamente. Sin embargo, su calidad de vida es (en promedio) mucho menor que la de los blancos: las familias blancas son 20 veces más ricas. Los ingresos anuales de familias blancas son casi dos veces más altos.

Los hombres negros tienen seis veces más probabilidades de ser encarcelados que los hombres blancos. Los hombres negros que abandonan la escuela tienen más probabilidades de ser encarcelados que de conseguir trabajo. Siete de cada diez niños afronorteamericanos nacen de madres solteras, más del doble que los niños blancos. Uno de cada cuatro niños negros experimenta el horror de tener un padre encarcelado.

Entra Barack Obama, que cada vez que lo veo a él y a su familia, me recuerda el gran modelo a seguir: no solo es el primer presidente de color (su padre era de Kenia y su madre de Kansas) sino además, y lo más importante, es un hombre de familia que vive con su esposa, su suegra, sus dos hijas y sus dos perros. Por desgracia, eso es muy extraño en una familia negra y lo que constituye el mayor obstáculo hacia el éxito para la mayoría de los afronorteamericanos. Los estudios demuestran que, si terminas la secundaria, trabajas tiempo completo y esperas tener 21 años para tener un hijo dentro de tu matrimonio, el riesgo de ser pobre es solo del 2%.

Obama es hoy el mejor resultado y el mejor ejemplo de la lucha por el movimiento de los derechos civiles: cómo un niño y un hombre joven superó cualquier barrera para trabajar duro y nunca darse por vencido. Estudió tanto como cualquiera en la escuela y en la universidad. Se convirtió en un líder comunitario y un voluntario ejemplar. Se casó, tiene dos hijas y asegura que su familia permanece unida.

Y hoy Obama encarna el “sueño americano”, por ser, quizá, el hombre que tenía menos probabilidades de ser el presidente de su país. Nadie creía que podía ganar, porque la mayoría de las personas no tenía la fantasía de imaginar que los hombres blancos votarían por un hombre negro. ¡Y lo hicieron! De hecho, más votantes blancos prefirieron votar por él que por Al Gore y John Kerry en las pasadas elecciones.

En todo el mundo, tanto King como Obama deberían ser ejemplos a seguir. Su visión (de que todo el mundo sea igual y deba ser juzgado por su carácter) es universal. Se aplica no solo a los afronorteamericanos, sino también a los nativos estadounidenses. Es un mensaje muy positivo.

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“Todos sabemos que el nirvana todavía no ha llegado a EE. UU. Los afronorteamericanos ya no son linchados en público y son muy raros los racistas que se exponen notoriamente. Sin embargo, su calidad de vida es (en promedio) mucho menor que la de los blancos”.