Empleo digno para todos

María del Carmen Aceña

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Hace unos días escuchaba a unos jóvenes que integran el Colectivo CINCOen5 comentando que están estudiando cinco temas de desarrollo para el país: educación, nutrición, empleo, seguridad e infraestructura. Cuando el conductor del programa les preguntó cómo resumirían sus demandas, comentaron:

“Oportunidades de educación secundaria masiva para todos, especialmente en el área rural, y empleo digno para los jóvenes”.

De hecho estudiamos para ser mejores ciudadanos, para comunicarnos, para vivir en democracia y para ser más civilizados; sin embargo, el incentivo más grande que existe para estudiar es económico. La mayoría de las personas estudian con el objetivo de que al final del ciclo logren conseguir más ingresos, mejorar su nivel de vida y desarrollar su potencial. La semana pasada comentábamos que Guatemala es un país joven con el 70% de su población menor de 30 años. Poco más de la mitad tiene menos de 20 años. Esta estructura de la población presiona a la creación de empleos en el país para jóvenes y trabajadores que inician la vida laboral. El país tiene una tasa de crecimiento poblacional alta (2.4%) y la cantidad de jóvenes en el país es amplia. Se espera que ingresen más de 200 mil personas en edad de trabajar cada año, quienes buscarán un puesto de trabajo por primera vez. El reto es crear empleos u oportunidades empresariales que garanticen su ocupación. Al mismo tiempo se requiere que los futuros trabajadores tengan la educación y las competencias para ser productivos.

El desafío en nuestro país no es conseguir empleo, sino lograr uno bueno. El desempleo alcanza al 5% en personas comprendidas de 15 a 24 años de edad y al 2% a las mayores de 25 años. Las estadísticas del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) muestran que para 2012, de 5.1 millones de personas en edad laboral, había 1.2 millones de afiliados, y que su crecimiento respecto del año anterior apenas fue de 2.7%. Al no progresar el mercado “formal” sigue creciendo el informal. Acorde a un estudio de CIEN de 2010, 7 de cada 10 personas que trabajaban se encontraban dentro de la economía informal y percibían una remuneración 60% menor que el trabajador formal. Además, cerca de dos tercios de los trabajadores informales deseaban laborar en una empresa formal si hubieran tenido la oportunidad.

“Quiero estudiar y trabajar medio tiempo”, me decía un joven.

Sin embargo, nuestra legislación no permite el trabajo por tiempo parcial, lo cual considero, en pleno siglo XXI, obsoleto. Además, esto limita a las empresas en su capacidad de atender altos ciclos productivos o picos de trabajo.

Adicionalmente, los derechos laborales reconocidos para los trabajadores, tanto en la Constitución Política como en el Código de Trabajo, y las implicaciones económicas de su naturaleza de derechos mínimos e irrenunciables, pueden llegar hacer muy costosos. Expertos señalan que crear un nuevo empleo en Guatemala demanda una inversión aproximada de Q100 mil. ¿Será nuestro país interesante para atraer capitales extranjeros y generar más y mejores empleos? Las recomendaciones se pueden resumir en a) promover instituciones formales que amplíen mercados, generen certeza jurídica y reduzcan la ineficiencia en las operaciones de las empresas; b) organizar y coordinar el sistema educativo con las instituciones de capacitación y productividad; y c) modernizar y actualizar la legislación laboral que data de mediados del siglo pasado.

Reflexión

 “El desafío no es conseguir un empleo, sino que sea uno bueno”.