Luis Felipe Valenzuela

Rony

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Es duro perder a alguien cercano. Eso lo sabemos todos. Ocurre cada cierto tiempo en la vida. A veces sin previo aviso. Y perder a un ser que dulcifica el ambiente golpea de un modo paradójicamente amargo. Muy amargo.

Es el caso que experimento luego de la temprana y dolorosa partida del periodista Rony Chávez, compañero de Patrullaje Informativo y que fue la única víctima fatal de un accidente en la bajada de Las Cañas la semana pasada. Rony era un caballero que hacía de la noticia su oficio.

Un trabajador incasable que buscaba la excelencia por el puro gusto de hacerlo. Un reportero valiente que no se amilanaba frente al poder. Mi madre, sin conocerlo, me dijo: “Es el tipo de ángel que Dios quiere tener cerca”.

Y los testimonios que se oyeron después de su trágico deceso dan razón a esas palabras. Y esas palabras no solamente vinieron del Congreso, que era su fuente de faenas diarias y donde su quehacer periodístico lo hizo florecer como un reportero que sabía plasmar los datos, las declaraciones y los hechos en material de sumo interés.

Uno suele encumbrar a la cima de las grandes cualidades a aquellos que recién han fallecido. De pronto, al dejar de existir, muchos que cuando respiraban recibían las críticas y los oprobios, se vuelven súbitamente santos y virtuosos. No pasa esto con Rony.

Lo que se ha dicho de él ha sido lo justo. El exmagistrado Luis Fernández Molina lo describió con certeza en una llamada telefónica que me hizo al nomás saber de su inesperado final. “Poseía una ingenuidad positiva”, me dijo.

A lo que diputados de todos los colores políticos como Nineth Montenegro, Roberto Alejos, Gudy Rivera, Orlando Blanco, Pedro Muadi, Manuel Barquín, Luis Pedro Alvarez, Roberto Villate, Mauro Guzmán, Leonel Lira, Mario Taracena, Edgar Ajcip y otros que ahora no me vienen a la mente añaden que Rony estaba siempre risueño y con una disposición de servicio que lo distinguía de la mejor manera.

Pero que nadie se pierda en este mar de elogios. Hablo de un reportero que, pese a su timidez, jamás se callaba los resbalones parlamentarios, que, como se sabe, abundan. Jamás dejaba de formular la pregunta precisa y aguda, aunque ello ofuscara a su entrevistado.

Mas siempre lo hizo con una mezcla de cortesía y de pasión que inspiraban respeto. Recuerdo que solía quedarse tarde para que las secciones a su cargo reflejaran una labor de producción digna de un profesional. Lo hacía con esmero. Y su apoyo en “A Primera Hora” se reflejaba en “citas textuales” y “palabras traen palabras”, segmentos de los que se volvió un maestro.

Tanto su mamá como su futura esposa sufren hoy la ausencia de un ser humano excepcional. Asimismo, su hermana y su cuñada. Y no menos sus amigos, que de manera solidaria acompañaron a Rony en su recorrido final entre el hospital, la morgue, la funeraria y el camposanto, sin que importara el cansancio de la jornada y el impacto emocional de una pérdida mayor.

Confieso que con su actitud me hicieron sentir parte de un gremio de altura. Como sucede casi siempre. A la mamá de Rony se lo mencioné cuantas veces pude esa aciaga noche: había realizado un trabajo excepcional con su hijo. Hizo de su vástago un ser correcto y valioso. Se lució con él. Y le aportó un ciudadano al país que hasta el último segundo de su historia personal le dio lo mejor que tenía, sin aspavientos ni jactancias.

Es fundamental que el Ministerio Público esclarezca este caso. Que el asunto no se limite a que se pague el seguro y a que se curen los heridos. Si en el percance vial que le costó el latir de su corazón a Rony hay responsabilidad de la empresa de transporte, ello no puede quedar en la impunidad.

Y si fue una mala jugada del destino, también es necesario que se sepa. Aclarar si el piloto tiene 21 o 56 años. Sin sobornos ni presiones de por medio. No se trata de culpar a alguien solo porque sí. Se trata de saber la verdad. Y de evitar que esto siga pasando con tan detestable frecuencia, por la negligencia de las autoridades, la corrupción que nos carcome o por la iniquidad de un sistema que no respeta la vida.

Duele escribir columnas como esta. Pero no tenía opción. Es el único homenaje que puedo hacerle, en el lenguaje que él defendía, a mi luminoso amigo Rony Chávez.