María del Carmen Aceña

Corrupción y clientelismo

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIENEn todas las encuestas la corrupción aparece como uno de los problemas más importantes por resolver. Esta, en el ámbito de la administración pública, consiste en el acto por el cual un empleado público se sirve del cargo para beneficio particular y privado.

A principio de los noventa se implementó una nueva “política social” en Guatemala, mediante la creación de fondos de inversión social. Estos eran transitorios, argumentando su urgencia para llegar a la extrema pobreza, en lo que se modernizaban los ministerios sociales y de infraestructura, así como las leyes que normaban al Estado (servicio civil, compras y contraloría). Se prometían nuevos modelos de gestión, descentralizados y con sistemas de monitoreo y rendición de cuentas. Se crearon y promocionaron los Consejos de Desarrollo como un sistema de participación ciudadana en el manejo de la obra pública.

Varias décadas pasaron y lejos de mejorar la administración pública, esta se enredó más. Se proliferaron los fondos sociales, los Consejos de Desarrollo se desvirtuaron, los ministerios perdieron su rectoría y muchos alcaldes edificaron obras sin evaluar. Además, se iniciaron una serie de programas asistencialistas, compensatorios, emergentes, desarticulados, focalizados en sectores sociales específicos. Ejemplos: entrega de fertilizantes, subsidios a servicios públicos, pagos a los patrulleros, la firma de pactos colectivos, las transferencias condicionadas, las bolsas de alimentos, y recién la entrega de animales vivos –coches, gallinas y cabras. Varios de estos programas carecen de fiscalización, evaluación de impacto y transparencia.

Lamentablemente estos programas se mantienen y buscan en general satisfacer necesidades de corto plazo –no de desarrollo– y al no modernizarse los sistemas administrativos públicos, han terminado operando como un mecanismo de control del conflicto social y adicionalmente como un instrumento de mercadeo político, ampliando el clientelismo y el populismo.

El clientelismo político promueve procesos de movilización electoral, permitiendo a los partidos distribuir servicios o bienes individualizables y de bajo costo a otras personas a cambio de beneficios políticos partidarios. Éste se relaciona estrechamente con lo electoral, el financiamiento de la política y la corrupción. Se reparten servicios o puestos públicos a cambio de lealtad política o electoral. Se hacen negocios con fondos públicos y se sobre valúan obras para lograr rentas. Además la ejecución del presupuesto termina favoreciendo a unos cuantos.

Tristemente el clientelismo está dominando nuestra vida política. Para cambiar, “una motivación genuina de servicio es lo único realmente eficaz”, me decía un amigo. Sentido del deber y del honor –no del miedo a la cárcel– será lo que nos transformará. Imperante volver a descubrir el concepto de lo público, el orgullo de servir, el amor a la patria y la solidaridad.

Una carrera administrativa que dependa de los méritos y no de padrinazgos políticos, salarios competitivos; estímulos simbólicos o monetarios por el buen desempeño, refuerzos al sentido pertenencia, compromiso con la institución y con el ideal del servicio, son indispensables. El diseño y puesta en marcha de sistemas de gestión eficientes basados en resultados y evaluación de proyectos, con procesos transparentes y rendición de cuentas, será la futura tarea para acabar con el clientelismo político. ¿Qué partido político propone este cambio?