Luis Felipe Valenzuela

En las narices de todos

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Cae una avioneta en Ixchiguán, San Marcos. Primer reporte: seis muertos en una terrible tragedia. Pasan los minutos y la noticia se transforma. Segundo reporte: la aeronave no tenía permiso de volar en cielos guatemaltecos; Aeronáutica Civil no sabe nada de su plan de vuelo y desconoce “cuántas almas iban a bordo”.

La sospecha es instantánea: es una narcoavioneta; al lugar llegan autoridades y cuerpos de socorro. Pero sobre todo la población de los alrededores. Tercer reporte: hay aproximadamente 40 efectivos del Ejército y algunos más de la PNC. Del Ministerio Público se cuentan seis elementos.

Empiezan las pesquisas. Mas no en el ambiente propicio para ese tipo de diligencias. Cuarto reporte: las seis víctimas son de complexión corpulenta; todas han sufrido politraumatismo. Corre el rumor de que a la avioneta “se la bajaron”; nadie lo confirma.

Un testigo que pide el anonimato por miedo a represalias sostiene que vio una pistola en el sitio del accidente. Quinto reporte: los lugareños, aglomerados en la escena del siniestro, se llevan el equipaje de los muertos, con dólares y pesos incluidos.

Algunos afirman que había joyas también. Y he ahí la duda: ¿lo hicieron por simple y vulgar saqueo, o fueron enviados por “alguien” a entorpecer las investigaciones? ¿fue una decisión espontánea de gente que vive en la extrema pobreza, o es que “alguien” los ha organizado para que cuando sucedan cosas así, “salven” lo que se pueda de “algún” cargamento? Sexto reporte: los representantes del Ministerio Público se retiran del lugar, porque se sienten amenazados por los pobladores.

Absolutamente entendible. Y aunque había unos 40 elementos de las Fuerzas Armadas y otros tantos de las policiales, la voz del corresponsal es categórica al contestar por qué no hubo manera de que se resguardara la zona restringida para recabar evidencias: “Había 10 veces más vecinos que soldados o policías”, dijo. Fin de los reportes. Proceso de análisis.

Primera conclusión: es patético que el Estado de Guatemala no haya sido capaz de proteger a los fiscales para que hicieran su trabajo. Igualmente preocupante que casi en las narices de 40 soldados y de varios agentes de la PNC, la población se haya robado las pertenencias de los fallecidos.

El episodio, por donde se vea, resulta perturbador e indignante. Ya sea por el despojo de las pertenencias a seis cadáveres, o por la obstrucción a la justicia. Lo primero es, en medio de cualquier precariedad, un acto inhumano; lo segundo, con todo y las pobrezas que enfrenta nuestro aparato gubernamental, una vergüenza.

De ahí la segunda de mis conclusiones, la cual se liga con otra de las noticias de la semana: ¿cómo tragarse, así de fácil, que el ex alcalde de San Miguel Petapa, Rafael González “Rafita”, pague Q1 millón de quetzales de fianza para recuperar su libertad, y que dos familiares del jefe edil de Chinautla cancelen cada uno Q100 mil para efectos similares? No es que yo quiera irme contra la ley.

Si cabe la medida sustitutiva, pues ni hablar. Pero aquí casi cualquiera tiene para pagar la caución económica que le imponen en los juzgados. Cualquiera, digo, si se trata de gente para quien reunir Q100 mil o Q1 millón no es tan arduo.

Ciertamente, han quedado ligados a proceso y los tribunales tendrán que determinar si son o no culpables del delito de lavado de dinero que se les imputa. Y aquí amarro mi conclusión final: cada día en Guatemala ocurren hechos que nos muestran el drama de hampa y corrupción que nos golpea las posibilidades de ser un país vivible, viable y justo.

Nuestro liderazgo va de mal en peor. Y así como los habitantes de un caserío de Ixchiguán no tuvieron recato para saquear una avioneta siniestrada, con los cadáveres aún calientes de las víctimas de un percance aéreo, o bien fueron enviados por “alguien” para no permitir la labor del MP, con todo y las fuerza pública allí presente, a diario los guatemaltecos presenciamos la barbarie delictiva de varios sujetos sin moral que, desde distintos ámbitos, se aprovechan de la infame impunidad. y todo, en las narices de la población y muchas veces de las mismas autoridades.