David Trads

Una clase media rica quiere aún más

David TradsAquí hay dos factores que parecen contradictorios en la superficie pero que en realidad están estrechamente conectados. Factor número uno: el éxito económico en América Latina durante los últimos diez años nunca ha sucedido tan rápido en otro continente: 73 millones de personas han escapado de la pobreza. El ingreso de una persona promedio ha aumentado en 40%. La desigualdad está disminuyendo.

Factor número dos: las protestas en las grandes ciudades de Brasil en su mayoría son organizadas por las personas que se han beneficiado del progreso. Las mujeres, las personas de mediana edad y las familias que han dejado la pobreza se unieron a la clase media para dominar las manifestaciones.

El malestar social normalmente es causado por una caída del nivel de vida y un creciente nivel de desempleo. En Brasil es todo lo contrario. En un continente de éxito, este país es la estrella brillante. Con 40 millones de personas fuera de la pobreza en una década. Las protestas brasileñas son obviamente el resultado de una clase media creciente y cada vez más rica que quiere progresar ¡aún más!

Desde el punto de vista sociológico: cuando millones de personas se han alejado de la pobreza, tienen suficiente dinero en tan poco tiempo y se acostumbran a una vida mejor cada año, quieren que esa tendencia continúe. El éxito económico de repente desata una ola de protestas. Cuando se cumplen las necesidades básicas, la gente empieza a exigir más: mejores escuelas públicas y hospitales, más igualdad y mayor participación política.

Eso es exactamente lo que hemos visto en Brasil. Muchos de los manifestantes han salido recientemente de una pobre “favela” y, a pesar de que viven una vida mejor que antes, también han llegado a comprender que su vida podría mejorar más. Ellos se molestan, cuando se dan cuenta de que están pagando impuestos similares a países del primer mundo, pero que aún reciben un servicio público de tercer mundo.

Su enfado es más evidente, cuando se dan cuenta de que miles de millones de dólares son gastados en nuevos estadios para el mundial del próximo año y cuán poco se deja para una escuela pública local. Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, en realidad, explica la verdadera razón detrás de los disturbios con toda claridad: “La nueva clase media quiere más y tienen derecho a eso”.

Obviamente, los líderes en el resto de América Latina están prestando mucha atención a los acontecimientos en Brasil. Otros países de la región han visto incidentes similares en los últimos años. En Chile, donde las tasas de crecimiento excepcionales, por ejemplo, han aumentado sorprendentemente el número de estudiantes universitarios.

Hoy siete de diez estudiantes chilenos son los primeros en sus familias en estudiar en ese nivel. Pero ¿los estudiantes simplemente dicen “gracias” por ese avance? No, regularmente han salido a la calle y han pedido una mejor educación y una mejor ayuda pública. Quieren más.

Otro ejemplo, México es un país de paradojas: por un lado la nación es la décima más rica del mundo y el hogar de Carlos Slim, posiblemente el hombre más rico de la Tierra. Por otra parte, es una de las sociedades más desiguales del mundo con más de la mitad de sus niños viviendo en condiciones de pobreza.

¿México sería el próximo país en enfrentar protestas? Definitivamente es una posibilidad. Millones de personas se han unido a la clase media en la última década y están empezando a actuar políticamente. Una de ellas es Gabriella Sánchez y su historia es la típica: se crio en el lado pobre de Ciudad de México. Hoy ella es miembro de la creciente clase media.

“Los brasileños que protestan son personas como yo. Gente que creció siendo pobre, pero que han subido. Ahora están asustados de perder lo que han ganado. Bueno, no solo eso: ellos y yo queremos más. Trabajamos duro. Nos merecemos seguir progresando”.

Esta es la historia del éxito. Una clase media más rica que en cualquier lugar, que siempre quiere más progreso.