María del Carmen Aceña

Educación en valores

 María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN María del Carmen Aceña Investigadora Asociada CIEN

Recientemente unas maestras muy activas me invitaron a un colegio en Amatitlán a dar una charla a los padres y madres de familia respecto de la educación en valores. Pregunté a qué se debía el tema y me comentaron que entre las ideas sugeridas por los adultos, este contenido era prioritario. Me alegró mucho compartir con una comunidad educativa tan entusiasta.

Es sencillo hablar sobre los valores, pero complejo explicar su importancia y el logro de su práctica. Debemos iniciar aclarando términos como virtudes, principios, valores y acciones. Virtud, del latín virtus, hace referencia a una cualidad positiva que permite producir ciertos efectos. Las hay de dos tipos. Las ordinales, heredadas de los filósofos griegos, que son pocas, pero contundentes: la templanza, la fortaleza, la prudencia y la justicia. Se comenta que una persona virtuosa es sabia. Por ejemplo, la templanza regula la atracción por los placeres, y procura el equilibrio en el uso y disfrute de los bienes creados, voluntad y límites. También están las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Se dice que las virtudes se oponen a los vicios.

Stephen Covey explica en su libro “Liderazgo Centrado en Principios” que los principios no son valores. Los valores son mapas y los principios son territorios. Los valores pueden destruir a un ser humano cuando no se tiene claro los principios, por ejemplo la fidelidad en una pandilla implica a veces no respetar la vida. Los principios son la brújula, el norte moral, de aplicación universal –guías probadas y perdurables de conducta del hombre–. Covey señala nueve principios: la justicia, la bondad, la dignidad, la caridad, la integridad, la honestidad, la calidad, el servicio y la paciencia.

Ahora bien, los valores son opciones personales, subjetivas. La familia es la delegada de arraigar en sus hijos el fundamento de los valores. Estos tienen que ser reforzados en la escuela y en la comunidad. Se cree que hay valores y antivalores, como bondad y maldad, pero realmente solo es el positivo: bondad. Son aspiracionales y también dentro de estos hay jerarquías. Los valores representan un bien que la persona descubre y elige conscientemente. “Son los bloques sobre los cuales se forma la personalidad y un marco de referencia para la vida”. (http://mujerwomen.com/Familia.html) Todo el tiempo estamos decidiendo. Nuestras prioridades están determinadas por un set de valores. Cada quien opta por ellos y pueden variar en el tiempo.

Sin embargo, se requiere todo un proceso para lograr practicar un valor –pensarlo, asumirlo y accionarlo–. Por ejemplo, puntualidad. Opto por ser puntual, estoy convencida de que ser puntal es importante por el respeto al tiempo de los demás, por lo tanto calculo bien el tiempo para llegar puntualmente a una reunión y lo cumplo. ¡Actúo como pienso!

Educar en valores no es fácil. El ejemplo es fundamental. Podemos utilizar la sabiduría colectiva con dichos como “lo que siembras, cosechas”, “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti” o “haz bien y no mires a quién” para su comprensión. La desintegración familiar, la falta de educación y el poco sentido de la vida han generado en parte una crisis de valores. Al respecto, a veces son los maestros los llamados a apoyar a los estudiantes y a los padres de familia a asumir este reto. Por ello es importante que los educadores se desempeñen dentro de un marco de virtudes, principios, valores y acciones coherentes y consistentes con el bien común. ¡Esta semana un saludo especial por el Día del Maestro! Gracias y felicidades en su celebración.