Luis Felipe Valenzuela

¿Decir "Si" a las drogas?

Escritor,  periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

En relación con la 43 Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se inicia hoy en la Antigua Guatemala, hay datos que son contundentes y reveladores. Este, por ejemplo: resulta 2.5 veces más caro encarcelar a un adicto que intentar rehabilitarlo.

En países como el nuestro, la mayoría de detenidos vinculados con las drogas son consumidores, no narcotraficantes. Ocho de cada 10, para aproximarme más a la cifra. Aquí, el hampa que surge de los cárteles y de sus colaboradores llega a causar hasta 4 de cada 10 muertes violentas.

Espantoso, ¿no? Y aun así, la percepción de la gente es que no es el trasiego de estupefacientes lo que genera el clima de inseguridad. Al ciudadano de a pie, y también al de automóvil, le preocupa mucho más ese motorista implacable que somata el vidrio para arrebatar un celular o que hace lo mismo con un transeúnte.

Pero claro, al adentrase en el análisis, lo que intimida y golpea psicológicamente a la población es la crueldad con la que se cometen hasta los robos menores; la golpiza que sobreviene después de la humillación de ser asaltado, o bien cuando lo que se da al maleante no le basta como botín.

Asimismo, el rudo secuestro express que además de vaciar la cuenta bancaria deja tramas y rencores, casi siempre solo superables con terapia. La violencia narco es despiadada e inclemente. Matar es parte del negocio.

Las deudas no se cobran con intereses, sino con la vida. O las vidas. Depende del caso. Y todo ello permea en el ratero, en el policía y hasta en el machista que agrede a su mujer. Por lo anterior, urgimos de otro abordaje para el tema.

Ilona Szabó, experta brasileña del Igarape Institute, opina que es preciso “sustituir la criminalización de los consumidores por estrategias de salud pública”. Solo entre el 10 y el 12 % de las personas que usan drogas desarrollan una adicción. Son datos de Naciones Unidas.

Como este: la mayoría de quienes compran estas sustancias no llegan a tener ni a provocar problemas. Que quede claro: si se pretende que toda la gente sea abstemia, vamos mal. La guerra contra el narcotráfico jamás podrá ganarse totalmente. Porque mientras haya demanda, habrá oferta.

Y mientras haya dinero en ello, habrá gente metida en el negocio. El secreto radica en alcanzar paz social, no en exterminar a los narcos. Suena cínico, ya sé. Pero lo considero realista. La regularización de la marihuana necesita ser debatida.

Es, de hecho, la droga más consumida en Estados Unidos y, según fuentes de la DEA, “la caja chica” de los cárteles mexicanos. Además, resulta a la larga menos dañina que el alcohol y que el tabaco, ambos legalizados.

Ya sé que eso también escandaliza a muchos. Y que el mito de que la marihuana es el puente para pasar a otras drogas más pesadas perturba a cualquiera. Pero hay que decirlo: es un mito.

Por consiguiente, más allá de proponer una legalización homogeneizada de su consumo, me parece saludable –valga el término- que en la asamblea de la OEA se dialogue abiertamente acerca de ese y otros aspectos de la lucha contra el narcotráfico.

No se pide una solución definitiva. No es eso lo que puede obtenerse de esta reunión. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, fue claro conmigo en una entrevista que le hice ayer: “El escenario más feliz que podría salir de esta asamblea es que, después del debate, se afiancen mecanismos de seguimiento… y que no se quede todo en una repentina toma de conciencia y nada más”.

Confío en que la presencia de Estados Unidos, cuya delegación encabeza nada más y nada menos que el Secretario de Estado, John Kerry, no enturbie el diálogo.

Ciertamente, es arduo y complicado hacer compatibles las visiones de países que sufrimos con la violencia del narcotráfico, con aquellas de los que sufren por el consumo. Por ello, recuerdo palabras de Ilona Szabó: “Las drogas causan daño, sí; pero las políticas que estamos usando nos hacen peor”.

Pregunto: ¿Decir “sí” a las drogas? Mi respuesta es “no”. Solo pido, de la manera más humilde, buscar otros caminos para combatirlas y no esperar otros 40 sangrientos años para hacerlo.