Luis Felipe Valenzuela

Tu y yo somos uno mismo

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

El pulso político de Guatemala lo llevan dos partidos: el que gobierna y el que aspira a gobernar. Eso no debe extrañarle a nadie: así funciona el “negocio”. Ese “negocio” redondo que resulta de integrar, con protagonismo, un sistema clientelar, corrupto y disfuncional.

Aquí, como en otros lares, hay dos agrupaciones opuestas y rivales; dos “tropas” que se muestran públicamente como antagónicas, y que ciertamente parecieran distintas. Pero no nos engañemos; la verdad es que son muy similares. Uno solo es lo que el otro quisiera. Y el otro es el pasado, en grotesco, del actual.

Por sus obras los conocemos. Y también por las mal obras que se hacen entre sí, con una sola víctima: el país. Llevamos tres meses de este año y el Congreso sigue detenido. Una interpelación insulsa que nos ha dejado como gran hallazgo que el ministro de Cultura adquirió pelotas sobrevaloradas.

El presidente Otto Pérez Molina critica semejante parálisis y afirma que a los contribuyentes nos cuesta Q21 millones al mes ese Parlamento que no camina ni deja caminar. Aunque, en la estricta realidad, el Organismo Legislativo no se mueve por un contubernio tácito entre el partido oficial y la oposición con aspiraciones.

¿Por qué no se orilla a LÍDER a terminar en una sola sesión este juicio político? Sería refrescante ver a los diputados salir a las 3 de la madrugada, después de que la bancada interpelante agotara sus preguntas. Con quórum, claro. Ganándoles por cansancio, si se quiere. Haciendo sublime lo ridículo. Mas no veo voluntad de encarar así el trabajo parlamentario.

En paralelo, desde Casa Presidencial, la estrategia para comunicar decisiones polémicas raya en lo burdo, casi hasta llegar al insulto a la inteligencia. En pleno Miércoles Santo, el mandatario hace saber que el usufructo de Puerto Quetzal va porque va y punto. No pudo esperar al lunes de Pascua de Resurrección para hacer la convocatoria de prensa.

¿Y qué ganó con eso? Nada. Solo generar más sospechas alrededor de un negocio estatal que, aun siendo de supuesto beneficio para nuestra economía, nace muerto por su opacidad a todas luces. Porque en movimientos de ese tipo, el Gobierno no solo debe ser decente, sino aparentarlo.

Y estoy de acuerdo con que un grupo de sindicalistas no puede entorpecer los intereses de 15 millones de guatemaltecos, pero eso no justifica los errores innecesarios.

Es patético darse cuenta de cómo el tiempo avanza y no pasa nada. Por un lado, el de Manuel Baldizón, veo vallas por todas partes que proclaman su deseo de diálogo y de concertación. Mucho bien le haría al país que el 20 por ciento de ello fuera cierto.

Por el otro, el del presidente Pérez Molina, oigo anuncios radiales que aseguran que “vamos para adelante”. Y de nuevo, mucho bien nos haría que el 20 por ciento de eso encajara en lo real. Es la de nunca acabar. El círculo vicioso de la incompetencia tolerada por casi todos. Total, quienes están bien no urgen de un cambio significativo. Aunque se quejen. Es al que se le mueren los hijos por desnutrición a quien el reloj de la vida le pisa los talones.

O al que ve naufragar su emprendimiento por un clima enrarecido y turbio. O al que no le queda más remedio que ser uno de los 14 por hora que se marchan al norte a buscar suerte. Carla Caballeros, de la Cámara del Agro, me dijo una vez que el gobierno de Álvaro Colom podía cantarle al actual aquella canción de Juan Gabriel cuya letra dice “te pareces tanto a mí”. Razón tenía en eso.

Y LIDER no se queda atrás en esa obsesiva y aberrante patología, porque bien que quisiera estar en el poder haciendo tres cuartos de lo mismo de lo que hace ahora el Patriota. De hecho, si todo sigue como va, será su futuro en versión grotesca. Como ya mencioné, eso no debe extrañarle a nadie; así funciona el “negocio”. Con el anterior, el de hoy y el de mañana. Así se juntan “tres de un perfecto par”, como titula uno de sus discos King Crimson.

Por ello, la última canción de hoy va del político en la llanura al político en el poder: “Tu y yo somos uno mismo”.