Paola Rivano

Conciencia social

Paola Rivano,
Coach y conferencista internacional, Www.paorivano.com,
Twitter @paorivano

Claudia está en la fila del supermercado con su carreta llena haciendo el “súper del mes”. Detrás de ella hay una señora que lleva en sus manos pan y un tarro de frijoles. Claudia tiene dos opciones: hacer caso omiso de la señora o darle su lugar en la fila, tomando en cuenta que ella tiene la carreta llena y aquella solo lleva dos cosas.

Lo mismo le sucedió a Hugo cuando iba en la camioneta. Muerto de cansancio de vuelta del trabajo, feliz porque había agarrado el último asiento que quedaba, cuando en ese momento, se sube una mujer embarazada de casi ocho meses y evidentemente cansada.

¡Hugo hasta los zapatos se había quitado del dolor de pies! Inmediatamente vuelve su mirada hacia la ventana, fingiendo demencia, pero antes de mover un pelo, espera que alguien más le dé el asiento, alguien que no esté tan cansado como él, por ejemplo. La mujer al ver que nadie se pone de pie, se pone junto a él. Hugo pensaba ¿por qué a mí? De toda la gente que hay en la camioneta y con lo que me duelen los pies, ¿por qué a mí? Hugo sabe qué debe hacer, sabe perfectamente que lo correcto es darle su lugar.

Claudia también está consciente que la señora tendrá que esperar mucho tiempo para poder pagar el pan y los frijoles. Cuando cometemos un error o hacemos algo sin pensar en las consecuencias nos llaman inconscientes,. Esto quiere decir que no conocemos o mejor dicho no queremos aceptar el efecto de las cosas que hacemos. La palabra conciencia deriva del latín “conscientia” que significa “con conocimiento”. Básicamente, se refiere a cómo una persona se percibe a sí misma y a su entorno.

Volviendo a Hugo, que todavía debe decidir si darle el asiento a la mujer embarazada, eso es conciencia social. Esta es la comprensión que los seres humanos tenemos de quienes nos rodean, de nuestra comunidad y de cómo las cosas pueden perjudicar o beneficiar a los demás. En mi opinión, la conciencia social es estar pendientes de cómo a través de mis acciones puedo beneficiar o perjudicar a quienes me rodean.

Es sujetarle la puerta a quien viene detrás de ti, es respetar los pasos peatonales y no cruzarse en medio de la calle, es no tocar la bocina insistentemente, es no poner la música a todo volumen mientras otros intentan descansar. A mí siempre me han llamado la atención las familias que dejan a sus perros ladrar a su antojo. A veces me pongo a pensar que son sordos, o que no están en la casa, pero siempre llego a la conclusión de que simplemente no les importa. ¿Quién puede descansar, ver una película o estudiar con un perro ladrando todo el día? Sin duda, eso es ser inconsciente.

En fin, antes de hacer algo, piensa cómo esto afecta a quienes te rodean. Trata de hacer cosas que beneficien al resto. Sé consciente.

“Si existe algún conflicto entre el mundo natural y el moral, entre la realidad y la conciencia, la conciencia es la que debe llevar la razón”. -Henri Frédéric Amiel-