Luis Felipe Valenzuela

El "desaire" y el 70%

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Todo estaba fríamente calculado.

El presidente Otto Pérez Molina no iba a ir al Congreso a presentar el informe de su primer año de gobierno. Sabía perfectamente que algo le tenía preparado la oposición. Es decir, Líder.

No extraña que dicha bancada hasta haya mencionado la posibilidad de hacerle “un juicio político” al mandatario. De ahí la decisión de anunciar su ausencia la misma mañana de ayer. Y también de girar invitaciones para una rendición de cuentas en el Palacio Nacional de la Cultura.

Pérez Molina había cruzado datos con otros estudios, y de seguro no lo tomó por sorpresa ese 70% de aprobación de la encuesta de “Prensa Libre”, dato del que a mí no me caben dudas. Entonces, la estrategia fue “relanzar” su presidencia en un acto en el que él y su equipo tuvieran el control absoluto de las cosas.

Hasta ahí, todo cuadra. Aunque claro: a uno le da pavor que ese 70% termine afectando, más que estimulando, al gobernante y a su gabinete. Uno teme que algún asesor mediocre, o varios de estos, fundamenten lisonja y necedad en una cifra tan favorable.

El mandatario debe ser cuidadoso y no dormirse en unos laureles que, a ciencia cierta, aún no existen. Y también fijarse muy bien en las palabras que pronuncia, porque con cada frase crea expectativas que no siempre podrá cumplir.

Pero volviendo a su incomparecencia en el Congreso, lejos de ser un desaire y una falta de respeto, yo lo leí como una salida audaz frente a una amenaza inminente. La misma diputada Nineth Montenegro expresó días atrás que corrían rumores de desórdenes internos, si el Presidente decidía presentar su informe allí.

Rumores, he de decir, negados de manera categórica por gente de Líder, como el congresista Baudilio Hichos, hoy exintegrante de la Junta Directiva. Lo que me preocupa, y a la vez me alienta, es que Pérez Molina llame a las cosas por su nombre al referirse al espacio parlamentario como un sitio donde las batallas están de antemano perdidas si no se cumple con el código corrupto que lo rige.

En una excelente entrevista realizada por Alejandra Álvarez en Patrullaje Informativo, el mandatario llegó a afirmar que “el Congreso ha perdido el respeto de todos los guatemaltecos, con ese transfuguismo y las muestras de mercantilismo con la compra de diputados”. El Presidente dice lo que todos sabemos. Y eso me alegra.

Pero va a pagar un precio muy alto por ello. Hay nueve interpelaciones en línea. La oposición es destructiva. Muy similar, aunque peor, que la del Patriota contra el regimen de Álvaro Colom. De hecho, el secretario general de Líder, Manuel Baldizón, ha ofrecido derogar la actualización tributaria cuando, según pronostica, a fin de año ya disponga de 80 diputados.

“Ojalá que la crítica sea bien recibida, que no la hago yo, sino el pueblo de Guatemala”, dijo Pérez Molina. Y eso lo dudo. Las aberraciones de nuestra clase política se evidencian y se magnifican en el seno del Congreso. Y es imposible desarrollar una democracia sana, sin el concurso de ese poder del Estado. Le tomo la palabra al Presidente cuando habla del 2013 descrito como “el año de la transparencia”.

Pero esa pulcritud debe empezar por casa. Y pronto. Sería inaceptable, por ejemplo, que el Fonapaz solo cambiara de traje y que sus 820 empleados pasaran a otra dependencia, solo porque trabajaron para el partido, como declaró su titular Armando Paniagua, quien, además, se siente merecedor de seguir en el Gobierno.

Y algo más: considero importante que el mandatario abandone definitivamente el tono de campaña. El acto público en la zona 18 me dejó otra vez ese sabor. E insisto en lo del 70% de aprobación. Es peligroso confiarse, demasiado peligroso.

Aunque a ratos, solo a ratos, pareciera que Pérez Molina lo tiene todo “fríamente calculado”.