Luis Felipe Valenzuela

Año clave

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Ayer empezó de verdad 2013.

Para muestra un botón: el Presidente anunció que cierra Fonapaz y que una comisión liquidadora se ocupará de hacer el trámite final de una entidad que él mismo describió como “viciada por la corrupción”.

No era secreto para nadie. Se la había dicho hasta la saciedad. Y con todo y lo acertado de la decisión, igual espero más de su liderazgo.

Espero exactamente lo que ofreció en campaña: carácter; ese carácter que es sinónimo de firmeza, no de autoritarismo. Carácter para no pretender quedar bien con todo el mundo, incluidos sus más allegados. Carácter para no dejarse seducir por el protagonismo. (Es tiempo de que deje de hablar tanto, señor presidente. Dé la cara siempre; eso es correcto. Pero no se exponga a tratar temas secundarios). Y huya de los cambios cosméticos.

Para empezar, no bastan los cambios que ha hecho en su gabinete; esos eran “lotería cantada”. En el renglón de mandos medios hay bastante de qué prescindir todavía. En algunos casos, con nombres que le darían buena prensa por “salir” de ellos. Buena prensa y epidemia de “barbas en remojo” entre quienes lo precisan. Que no son pocos, por cierto.

El botín del Estado sigue seduciendo a infinidad de pecadores. Por lo que sentar precedentes que impacten resulte fundamental.

De más está decirlo: si Otto Pérez Molina quiere pasar a la historia como estadista, sus objetivos deben estar más claros y su estilo de gobernar más definido. Tanto para él como para la población. En ese contexto, lo primero que tendría que consolidar es un equipo directo que sea competente y confiable. Si posible, con el profesionalismo institucional (si así puede llamársele) de no torpedearse entre sí.

Las disputas Baldetti-Sinibaldi dan paso al cuadrilátero Centeno-Gutiérrez. A los que podrían añadirse otros casos y otras pugnas. Lo cual es básicamente normal, no solo en un Gobierno, sino en cualquier grupo humano.

Pero en el presidente está impedir que esas enemistades lo mantengan en jaque y terminen derrumbando su proyecto. La corrupción es demasiado poderosa no solo como fuerza tentadora, sino además en su rol de operadora política como para no declararle la guerra. Y solo con los tacos por delante podrá asustar a quienes se mueven en ese tango.

Tango, porque se necesitan dos para bailarlo. Tango de funcionarios y proveedores, por ejemplo. Tango de sobreprecios y despilfarros. Tango de tantos.

Este primer año se ha ido volando. Y así se irán los próximos tres. Buen desempeño de algunos de los ministros en los primeros doce meses. Gobernación y Comunicaciones, entre ellos. Pero el mandatario ha enfrentado bochornos innecesarios por falta de elemental manejo.

La gente exige mucho de los gobernantes en países como el nuestro. Y al mismo tiempo somos tolerantes al exceso con su mediocridad y sus resbalones éticos. Queremos soluciones rápidas para problemas añejos, pero nos cuesta en demasía presionar para que no nos vean la cara.

Son contrastes que nos juegan en contra. Y en esas aguas navega el presidente Pérez Molina. Aguas turbulentas y hostiles en las que, o nos conduce hacia un puerto de esperanza, o nos hunde en su propio naufragio. Bienvenido 2013: el año clave para que este gobierno se salve o se condene.