Luis Felipe Valenzuela

La comedia McAfee

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 @lfvalenzuela

Acabo de ver de nuevo una película vieja que se titula “La Ley de Herodes”.

Habían transcurrido más de 10 años desde que la disfruté en una sala cine casi vacía.

Se trata de una sátira política muy caricaturizada en la que Juan, el protagonista, llega como jefe municipal de un pueblo remoto en México, y aunque al principio intenta desempeñar su cargo con cierto decoro, termina hundido en la más pútrida y ridícula corrupción.

No me extrañó encontrar mucho de nuestra realidad en sus escenas; eso era predecible.

Lo que me perturbó fue que las ridiculizaciones de ficción que el director Luis Estrada imprime en la cinta son a veces un calco de nuestros episodios diarios, sin que estos pasen por las exageraciones de la gran pantalla.

Empiezo por el caso John McAfee. Uno podría decir que “solo aquí” puede presentarse un magnate (o exmagnate) de la informática y solicitar asilo político, porque en Beice, donde vivía, se le persigue por un asesinato, o bien por haberle retirado el financiamiento al partido en el poder.

Sea como sea, la excelente entrevista publicada en este diario, que firmó Leonardo Cereser, nos muestra pinceladas muy pintorescas de esta celebridad venida a menos.

Tal y como lo había escrito antes en su blog, McAfee elogia el albergue de Migración donde se encuentra.

Dice que, comparadas con las beliceñas, las nuestras son cárceles muy decentes. Y yo pienso: ya quisiera verlo en algún sector del Preventivo. Pero, sobre todo, me divierte lo hilarante de sus argumentos.

Admite estar acompañado de muchos guardias y no tener queja por lo vivido aquí. A la pregunta de si alguna vez se imaginó en una celda migratoria de Guatemala, pese a ser el creador de uno de los antivirus más famosos del mundo, su respuesta no tiene desperdicio: “Nunca (…), pero no es malo. (…) Por ejemplo, estoy aprendiendo español; en una escuela de idiomas tienes que pagar miles de dólares. Yo en cambio la tengo gratis. Así que pienso que es un beneficio…”.

¿Puede algo ser más disipado en un país en que la conflictividad nos pone contra las cuerdas un día sí y el otro también? Difícilmente.

Más cuando se añaden los mensajes de Twitter enviados alrededor de la figura de su representante legal, quien, a la sazón, resulta siendo medio familiar de la novia del perseguido, una chica que apenas rebasa los tiernos 20 años.

Telésforo Guerra Cahn, el abogado de las causas imposibles, vuelve a surgir como un personaje inevitable en una historia como esta. Lo entrevisté en A Primera Hora y, por primera vez, no le pregunté cuánto le estaba cobrando a su cliente de turno.

Pero él, a quien no le falta ingenio ni sentido del humor, me lo contestó en otra charla periodística minutos después. Y su invariable respuesta fue “que hasta ahora, nada, y que de seguro iba a tocarle a él hacerse cargo de la cuenta del hotel”.

Insisto: como paréntesis cómico en un país que se desgarra en los peligros generados por problemas añejos jamás resueltos, la telenovela McAfee sabe casi a aire fresco. Por lo menos es graciosa. Aunque no por eso menos grotesca.

Uno no puede abstenerse de sospechar que el magnate (o exmagnate) haya escogido Guatemala por su tradición de impunidad. Aunque, revisando notas de prensa, su huida desde Belice resulta sumamente peliculesca y da margen a creer que la vecindad contó para librarse de lo que describe como una persecución política muy agresiva.

Hizo bien el Gobierno en no concederle el asilo político. Vienen ahora los amparos. Por ello, termino con un mensaje que ingresó en la bandeja del 8970 que un oyente redactó así: “El día del Juicio Final, yo quiero a Telésforo como abogado”.

Este país colinda con “La Ley de Herodes”. Si nunca vio el filme, se lo recomiendo. Está en los videoclubs. No a la piratería.