Columna de lector

El ruido que corta las venas de las especies

María Canahui Orellana

Imagina que es de noche, te acaban de secuestrar en tu habitación, te llevaron a un espacio reducido que se jacta de ser similar a tu hogar, pero no lo es.

Y a la mañana siguiente, recibes diez visitas, cien visitas, mil visitas de extraños y desconocidos que, a gritos, te llaman y quieren captar tu atención; luego, los ruidos…

Resulta que a la vuelta de tu nuevo “hogar” han decidió realizar un concierto y tú no has podido dormir nada, estas cansado…

Una terrible pesadilla ¿No es cierto?

Esta es la vida que hoy llevan las pocas especies que quedan de animales, todo a causa del hombre, perdimos la sensibilidad en algún verano, en algún momento decidimos ignorar que no estamos solos en el planeta tierra.

En cierta ocasión realizaron una prueba, como siempre, con roedores.

Los expusieron a decibeles un poco menores de los que causan un concierto y el resultado fue daño cerebral permanente en ellos.

Esto quizá te interese, si sabes que esos roedores representan exactamente lo mismo que un chico de 6 a 22 años, es por ello que los utilizan como pruebas.

No es necesario analizar mucho tiempo el tema; es, evidentemente claro, que el nivel de estrés que un humano maneja en medio del ruido del tráfico, en por lo menos dos horas, es igual al que puede manejar un animal al ser expuesto a un concierto en su hábitat que ni siquiera es su hogar de origen.

No sé en qué momento sucedió, pero nos convertimos en inconscientes e inhumanos al ser parte de estas situaciones.

Y si los animales ya no son centro de atracción, pues no estaría mal cerrar zoológicos y devolverlos a todos y cada uno a donde pertenecen, a la libertad, como tú y como yo.