Luis Felipe Valenzuela

¿Por qué dispararon?

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7

Se le vino la noche al Gobierno. Demasiado temprano, he de decir.Más pronto de lo que cualquiera

Hasta el punto que solo con un milagro en manejo de crisis, que no se sabe de dónde pueda salir, tendría una leve posibilidad de recuperarse y continuar conciertas aspiraciones de salvar el nombre. Otto Pérez Molina está contra las cuerdas. ¿Cómo pudo ocurrirle algo tan grave? Él lo sabía: si de algo debía cuidarse era de no dar argumentos a quienes lo señalaban de ser una vuelta al pasado represivo de los 80. Pero le sucedió.

Y a costa, sobre todo, de un ministro para quien no dispone de reemplazo. Mauricio López Bonilla sale irremediablemente golpeado de esto. Aunque su preparación para el puesto sea innegable y haya logros interesantes durante sugestión. Ulises Anzueto, el titular de la Defensa, resulta asimismo en situación crítica.

Y ello, pese a que en repetidas ocasiones, según fuentes confiables, pidió no utilizar elementos del Ejército en asuntos de orden público. No digamos el canciller Harold Caballeros, que en este caso resulta ser algo más que “la guinda” de una pesadilla sin pastel.

Si el Presidente todavía mantiene intacto su gabinete después de la tragedia del 4 de octubre, solo se explica por dos razones: o no sabe qué hacer, o bien decidió atrincherarse en la vieja estrategia de apostar a que el tiempo y nuestra realidad vertiginosa hagan olvidar este vendaval, para lograr el pase a la siguiente página. Lo cual sería un error craso, porque no se precisa de excesiva perspicacia como para plantearse los escenarios que se le vienen. Pareciera no andar muy concentrado el mandatario en días recientes.

Su insulso pedaleo en el Enade lo hizo ver mal. Es cierto que había aceptado hacerlo y que los organizadores no podían adivinar que la coyuntura del país iba a ser tan ingrata cuando se celebrara el encuentro. Pero exponerse a ser visto como un político que muestra escasa preocupación por la muerte de indígenas, no le sienta bien al Presidente. Y desdibuja mucho de lo que, en su carrera, lo ha situado como un hombre que no suele equivocarse en cuestiones tan nimias.

Es cierto que el Ministerio Público sugiere estar actuando con total independencia. Que no se percibe que el Ejecutivo haya metido las manos en la investigación. Mas el asunto no va a terminarse con el coronel Chiroy y sus ocho subalternos condenados por ejecución extrajudicial. Carmen Tacam, máxima lideresa de los 48 cantones de Totonicapán, lo dijo de manera categórica: “Había orden de disparar”. A lo que Adrián Zapata, comisionado para el desarrollo rural, contesta que no ha visto hasta el momento indicios de que reprimir de esa manera a la población civil sea una política de Estado.

Como sí ocurría, y con implacable salvajismo, durante la lucha armada. Muchas personas claman porque la justicia alcance también a quienes bloquean carreteras. Y muchas otras se conduelen de que elementos de tropa, y el oficial mismo, sufran las consecuencias de lo que ven como una provocación de parte de los campesinos. En ello radica tal vez ese manejo de crisis con tintes de milagro que precisa este gobierno para no colapsar.

La pregunta de por qué abrieron fuego los soldados es la clave del asunto. Insisto: es inaceptable que haya habido gente armada en un lugar tan tenso; esa pifia no se la quitan con nada. Pero reconstruir, de la manera más fiable, la infausta escena es fundamental para que esta sociedad no se declare de nuevo la guerra. Los extremistas están al acecho.

Hay seis muertos de por medio. Y 40 heridos. ¿Por qué dispararon? Esa es la pregunta que el Ministerio Público tiene que responderle a Guatemala. No envidio su reto. En un país tan patológicamente ideologizado, puede que termine no quedando bien con nadie, aunque su conclusión sea inobjetable.