Papa Francisco lamenta la "banalización de las injurias" tras ataques anónimos

Sin aludir directamente a los dos ataques anónimos que ha recibido en la última semana, el papa Francisco deploró la "banalización de las injurias".

Por AFP

Con ocasión de la oración dominical del Ángelus en la plaza de San Pedro, el papa Francisco deploró la "banalización de las injurias", sin aludir directamente a los dos ataques anónimos que ha recibido en la última semana.

El pontífice se refirió al mandamiento de Jesús de "no matar", que engloba también otros "comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas".

"Ciertamente, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia".

"Estamos acostumbrados a insultar, es como decir 'buenos días'", pero "quien insulta al hermano, mata en su propio corazón al hermano" insistió, alentando a los fieles a evitar las injurias.

El sábado 4 de febrero, los romanos descubrieron más de dos centenares de carteles pegados por toda la ciudad con la frase "¿Pero dónde está tu misericordia?" escrita en dialecto romano, bajo el retrato del papa argentino con gesto huraño, acusado de haber "ignorado a los cardenales" o "decapitado a la Orden de Malta", en referencia a sus recientes fricciones con el ala más conservadora de la Iglesia.

El día después de ese hecho inédito, el pontífice llamó en el Ángelus a los fieles a permanecer lejos "de los gérmenes contaminantes del egoísmo y la envidia".

A finales de la semana, un falso "Osservatore Romano", el diario oficial del Vaticano, llegaba al correo de numerosos cardenales y obispos. En él se criticaba nuevamente al santo padre de forma más sutil y en tono de sátira.

El entorno del pontífice ha desdramatizado ambos incidentes. En una entrevista a fines de noviembre, publicada el jueves por la revista jesuita Civilità Cattolica, Francisco aseguraba no necesitar tranquilizantes y dormir apaciblemente, pese a los enemigos que ha hecho por sus reformas y la "corrupción" presente en el Vaticano.

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