No hay mortajas para los muertos de hambre en el oeste de Yemen

Por Publinews

“No tenemos con qué comprar mortajas para enterrar a los que murieron de hambre”, dice Futayni Ali, resumiendo la desesperación de los habitantes de Al Tuhayta, una ciudad del oeste de Yemen sumida en la hambruna por la guerra.

El pescador asegura que sus cinco hijos padecen desnutrición.

“No podemos hacer nada más para alimentar a nuestros hijos hambrientos”, afirma este hombre, que ganaba 30 dólares diarios pescando en el mar Rojo. Pero “dejó de haber trabajo el año pasado”, explica.

La guerra entre los rebeldes proiraníes y las fuerzas progubernamentales se agravó en marzo de 2015 con la intervención militar de una coalición liderada por Arabia Saudí.

Desde entonces, “lo vendimos todo, incluidas nuestras camas y platos”, añade Futayni Ali. Cada día que pasa -dice-, el “sufrimiento” es mayor, “en espera de la muerte”.

Son muchos los habitantes de Yemen tan desesperados como él. La situación se ha deteriorado considerablemente en los últimos meses, según los civiles consultados por la AFP en diferentes regiones.

Casi 7.000 personas, muchas de ellas civiles, han muerto y 35.000 han resultado heridas en 19 meses de guerra, según la ONU, que no ha conseguido acallar las armas pese a seis intentos de alto el fuego.

Las partes en conflicto se acusan mutuamente de bloquear o confiscar los cargamentos de ayuda y de alimentos.

Según UNICEF, casi tres millones de personas necesitan ayuda alimentaria inmediata, mientras que 1,5 millones de niños padecen desnutrición, de los cuales 370.000 de carácter agudo, es decir, con repercusiones en el sistema inmunitario.

En la provincia de Hodeida (oeste), una de las más pobres del país antes de la guerra y en poder de los rebeldes, muchas zonas atraviesan “una situación catastrófica por el hambre”, afirman las autoridades sanitarias.

Buena parte de los habitantes de Al Tuhayta están esqueléticos, pálidos. Tienen mejillas prominentes y la mirada perdida en el vacío.

“Alrededor de 5.000 personas (…) podrían morir de hambruna” en la localidad, advierte Hasan Handiq, un responsable de la administración local.

– ‘Nos morimos lentamente’ –

En un centro de alimentación terapéutica de la capital provincial, Hodeida, Saeeda, de 18 años, cuyo nombre significa ‘felicidad’ en árabe, lucha por sobrevivir. “No nos queda nada que comer. Nos morimos lentamente”, dice, sentada en una silla de ruedas. “Quiero volver a casa”, afirma.

La semana pasada, el Programa Mundial de Alimentos (PAM) advirtió de los riesgos de hambruna en Yemen que, antes de la guerra ya registraba uno de los índices de desnutrición más altos del mundo.

“En regiones como Hodeida, las tasas de desnutrición severa entre los niños menores de cinco años alcanzaron el 31%, o sea, más del doble del umbral de emergencia (15%)”, según el PAM. “A escala del país, casi la mitad de los niños padecen un retraso de crecimiento irreversible”, denunció.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió de que la carencia de alimentos y de medicamentos dejan a millones de personas “al borde de la hambruna”.

Una epidemia de cólera empeora el sufrimiento de la población de Yemen, un país de 26 millones de habitantes.

Ocho personas ya han muerto de esta enfermedad y hay 71 casos confirmados y más de 2.000 sospechosos en nueve provincias de Yemen, según la oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

En la de Taez (suroeste), escenario de combates casi diarios, Walid al Haj, de 38 años, tiene una hija infectada de cólera. “No me di cuenta hasta que su estado se agravó y la llevé a urgencias”, declara.

La enfermedad suele transmitirse a través del agua contaminada y provoca diarreas agudas. También hay casos en la capital, Saná.

Otra de las preocupaciones médicas es la ausencia de medicamentos para el cáncer.

En agosto, el coordinador humanitario de la ONU en Yemen, Jamie McGoldrick, advirtió de que 40.000 enfermos de cáncer no recibirán tratamiento debido a las restricciones bancarias que impiden importar los medicamentos.

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