Muerte, angustia y revelaciones deja el caso Hogar Seguro

En los hospitales Roosevelt y San Juan de Dios permanecen 20 niñas y adolescentes víctimas de la tragedia en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Los médicos dicen que el pronóstico es reservado. En medio del dolor surgen detalles de los maltratos en contra de las menores.

Por Saira Ramos

Crisna Yamilet Cu Uluam solo vivió 15 años y no pudo compartir todo el tiempo con su madre, Irma Lucrecia, pese a eso, a la progenitora le bastó verle las manos y uñas para saber que era su hija, ya que el resto del cuerpo quedó irreconocible por las quemaduras de segundo y tercer grado.

Crisna Yamilet es una de las víctimas en la tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, centro al que fue llevada en noviembre de 2016 porque quien la cuidaba se quejó de que la menor se había salido sin su permiso de la casa.

Irma reconoció a su hija por las uñas y manos. Foto: Omar Solís

 

Irma Lucrecia miraba poco a su hija ya que reside por trabajo en Zacapa y tuvo que dejar a Crisna Yamilet al cuidado de alguien más en la capital.

“Mejor me hubieran hecho daño a mí y no a ella”, decía llorando la madre de la menor. Luego de respirar profundo, contó que su hija se quejaba de maltratos y le pedía que la sacara del Hogar Seguro.

“Me dijo que la trataban mal y que le habían cortado el pelo”, recordó Irma.

La angustia reina en una de las salas de espera del Hospital Roosevelt porque algunas madres esperan las noticias de la evolución de salud de sus hijas, mientras que otras apenas llegan para buscar información.

Personal de la Fundación Sobrevivientes está en el sitio ofreciendo apoyo psicológico a los familiares. Uno de los casos es el acompañamiento que le dan a Claudia Mercedes Tecún, madre de Eneyda Nohemí Tecún Muñoz, de 17 años de edad.

Claudia está inconsolable. Lo único que tiene en sus manos es un pañuelo con el que se limpia las lágrimas. Su hija está viva, pero en coma, y permanece en cuidados intensivos.

Claudia Tecún recibe apoyo de la Fundación Sobrevivientes. Foto: Omar Solís

 

Eneyda Nohemí ya era víctima antes del incendio reclama su madre y explica que a la menor la obligaron a hacerse un tatuaje y a fumar marihuana en el Hogar Seguro.

Sin rastro

El llanto y las historias que escucha en el pasillo le arrebatan la esperanza a Anabeli Jumay Shalic, mientras pide información de su hija Ana Rocelia Pérez Jumay, de 14 años, quien tenía 2 meses de estar en el Hogar Seguro.

La tardanza de Anabeli en buscar a Ana Rocelia no fue por negligencia, sino porque no tenía dinero para pagar el pasaje que le permitirá salir de Zaragoza, Chimaltenango.

Anabeli viajó desde Chimaltenango por la tragedia. Foto: Omar Solís

 

Ana Rocelia y sus cinco hermanos de 6, 7, 9, 10 y 11 años estuvieron juntos en un refugio de nombre Hogar Shalom. No llegaron al recinto por cometer alguna fechoría ni por mal comportamiento, sino porque una vecina de Anabeli la denunció por maltrato.

Mientras se cumple con el proceso para comprobar el extremo, los menores fueron enviados a Shalom, de donde la mayor pudo escapar. Los hermanos coincidieron de nuevo en un hogar seguro. Esta vez fue desde 2015 en el Virgen de la Asunción de San José Pinula, para quedar bajo el resguardo del Estado.

Madres escuchan al personal que intenta ayudarles. Foto: Omar Solís

Segunda ocasión

Claudia e Irma Lima Ascón buscan a su hermana Sara de 17 años de edad, quien tenía 15 días de estar en el hogar seguro administrado por la Secretaría de Bienestar Social.

Sara estuvo cuatro meses en dicho centro, aunque ya había salido. Un nuevo caso de desobediencia la llevó a por segunda vez al recinto donde el martes hubo una fuga y el miércoles un incendio.

Claudia e Irma desconocen el paradero de su hermana, pero revelan que Sara les contó que recibía comida en mal estado y maltratos.

Claudia Lima aún busca a su hermana. Foto: Omar Solís

 

Siguen XX

En el Hospital San Juan de Dios ingresaron 9 pacientes sin ser identificadas de las cuales 6 siguen XX. Las menores reconocidas tienen 14, 15 y 16 años. Detalles como tatuajes y cicatrices fueron clave para establecer quiénes eran, ya que no pueden hablar.

El drama se ha observado en los hospitales Roosevelt y San Juan de Dios. Foto: Omar Solís
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