“La depresión (no) existe”: Las frases de ayuda pueden ser peores que la enfermedad

Entrevista. Si hasta ahora se entiende qué es la depresión, en su abordaje con los cercanos es un tema tabú que generalmente se manifiesta de manera nociva para el paciente. Este libro aclara de manera amable todos esos mitos.
Depresión
Foto ilustrativa: Pixabay.com

“No estés triste”, “La vida es hermosa”, “Mira todo lo que tienes, cómo puedes estar triste”, “La depresión es de débiles”: Todos y cada uno de los pacientes con depresión han oído estas frases, que bien o mal intencionadas se las han dicho sus cercanos, pero lo único que hacen es agravar el problema.

Por eso, el periodista y abogado Juan Carlos Rincón Escalante, quien trabaja en un famoso segmento de opinión en Colombia (“La Pulla”, en “El Espectador”), las reunió casi todas y explica, de manera didáctica y accesible cómo estas personas con un ser querido que padece la enfermedad pueden actuar para ser un verdadero apoyo. Publinews habló con él sobre el libro y el abordaje de la enfermedad mental en Colombia y Latinoamérica.

  • Para muchas personas es muy doloroso hablar de su depresión, muy difícil. ¿Cómo fue hablar de esta experiencia y mostrarla en un formato tan claro, tan directo, tan conciso?

Fue un proceso complejo. Aunque este libro lo empezamos a trabajar en forma en noviembre del año pasado, la idea la teníamos desde hace un par de años y mi trabajo de pensar la depresión arrancó hace 10 años, cuando me diagnosticaron.

En ese camino he perdido muchas relaciones, he estado sumido en la confusión, he creído que todo lo que siento es inventado, así que el primer paso fue obtener toda la información necesaria para poder entender qué me ocurría. Por ahí pasaron muchos libros, varias psiquiatras y psicólogas, y bastantes cómics, pues en internet hay una sana y enorme presencia de ilustradores que retratan muy bien la depresión. Todo eso, más el trabajo con fuentes (personas que sufren depresión y personas que están cerca de ellas), permitió que llegáramos a hacer un libro concreto.

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  • La depresión y las enfermedades mentales ya no están tan estigmatizadas como antes: Quien revelaba tener una era un paria. ¿Crees que esta violencia ha bajado un poco, que la gente está más abierta al tema?

Depende: Sí, hoy se habla más de depresión, también hay figuras prominentes que lo abordan públicamente. Eso, sin duda, es mejor que hace una o varias décadas. Sin embargo, el tabú persiste. Basta con ver cómo reaccionan las personas al libro, a cuando se trata el tema. Persiste la idea de que “la depresión es una moda” y que “ahora todos los jóvenes están deprimidos”.

Eso, por supuesto, está errado: Lo que pasa es que, por primera vez en mucho tiempo, tenemos un ambiente donde estas historias se cuentan. Eso sin hablar de las políticas públicas. No hay acceso a tratamientos, la psiquiatría es muy cara y excluyente, los mismos profesionales a veces tienen prejuicios. Nos falta mucho trecho para dejar de sufrir en silencio.

  • ¿Cómo lograste sintetizar todos los comentarios estigmatizantes y contraargumentarlos?

Eso fue muy divertido, porque se trató de un ejercicio de catarsis. Los había escuchado tantas veces que casi que los tenía tatuados en el inconsciente. Empecé con “no estés triste” y de ahí surgió, rápidamente, una lista. Luego la depuramos, la organizamos por temas y decidimos cuáles nos permitían dar un mapa lo más completo posible de la forma más sencilla. De ahí sale el libro.

  • La espiritualidad es un problema. No en el sentido de práctica individual: Hay una serie de individuos que podrían también ocupar buena parte en el libro, que dicen que “Dios” y una “actitud positiva” lo son “todo” y que si no crees o no tienes esa actitud, “estás mal”. ¿Cómo hacerles entender que la depresión va más allá de esa dictadura de la felicidad?

Yo creo que lo que funcione, mientras funcione, es más que suficiente. Todas las mentes son distintas y los tratamientos también lo son. El riesgo está cuando alguien cree que solo con, por ejemplo, tener mucha fe ya es suficiente para curarte. No, las pruebas científicas están. Busquen en internet cómo se ve un cerebro con depresión y las imágenes son claras. Tal vez lo que hay que decir es: Sí, la espiritualidad te puede servir, pero acompáñala de un psicólogo, incluso acompáñala de medicamentos si son necesarios. Conozco muchos casos de personas que prefieren sufrir en silencio para no traicionar esa “actitud positiva” de la que hablas. Y eso es injusto.

  • ¿Cómo hacer entender a los familiares, conocidos, etc., que, aparte de que todos esos comentarios son un desastre, no pueden ni deberían hacer sentir al enfermo como una carga?

Lo bueno es que podemos empezar a hablar desde el amor. Estas personas no quieren hacerle daño a la persona deprimida y genuinamente creen que al presionarla, al mostrarle todo lo que hacen por ella, están ayudando. Ante eso, hay que conversar. Decirles: Mira, la depresión es un reto a la empatía, nos exige entender cosas que las mentes que no la padecen consideran incomprensibles. Mostrarles con cariño y firmeza los errores que se cometen. Decirles que sabemos que no se equivocaron de mala fe, sino que la depresión es una enfermedad compleja y no estamos educados para enfrentarla.
Este libro pretende hacer eso: Ahorrar conversaciones. Y ha funcionado. Varias personas me han escrito para decirme que lo leyeron en familia. Ese era nuestro sueño. Cuando todos están en la misma página, dejamos de cometer los errores de siempre.

  • ¿Por qué nos falta tanta empatía ante la enfermedad mental en general?

Mi intuición es que es difícil sentir empatía sobre lo que no se puede ver. Un brazo roto lo puedes ver, puedes firmar el yeso. En cambio, una mente deprimida es invisible en muchos casos. Entonces ahí entra a operar otro factor y son los prejuicios. Nuestra sociedad está construida en torno al culto a la felicidad, a ser optimistas, a ser siempre echados para adelante. Es una actitud que no nos deja complejizar nuestra relación con la tristeza, con la ansiedad, con todo el espectro de emociones que significa ser humanos y estar vivos. Entonces, cuando alguien dice que está deprimido nuestra reacción inicial es decirle que todo es cuestión de actitud, que se sacuda. Pero hacer eso es muy violento.

  • ¿Qué tan perniciosas han sido las premisas culturales y religiosas, sobre todo en las sociedades latinoamericanas, para anular, invalidar la enfermedad mental?

Muy perniciosas; la culpa es usada para silenciarnos. “No te quejes, que hay alguien peor. No te sientas mal porque siempre podrías estar peor. Piensa que hay personas que se están muriendo de hambre”. Pero eso es un cortocircuito lógico.

Yo puedo sentir profunda empatía por los horrores del mundo y, al mismo tiempo, tener problemas para lidiar con mis sentimientos. Una cosa no borra la otra. No se trata de comparar tristezas ni de ver quién está peor. Eso es una relación muy maniquea con nuestras mentes. Además, empeora cuando hay una enfermedad mental de por medio porque causa angustia en la persona deprimida. Deberíamos abandonar esa manera de pensar y entender que cada vida es una experiencia única y cada persona tiene derecho a sentir lo que siente en las formas en que lo siente.

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