Los sentimientos detrás de las cámaras en la tragedia

El periodismo parece ser frío e inhumano, pero no todo es lo que parece, ellos llegaron a sentir el dolor como si fuera propio. He aquí sus experiencias en medio de la tragedia del volcán de Fuego.

Por Reina Damián

Lágrimas, sentimientos de impotencia y desesperación también se apoderaron de nuestros reporteros durante la tragedia del volcán de Fuego: El dolor será algo que no podrán borrar de su mente y corazón.

Nadie escapó a la desolación que dejó una de las tragedias más grandes que ha vivido Guatemala, y aunque la labor periodística a veces parece fría y despiadada, no todo es lo que parece, el deber es el de informar.

Inocencia y amor, historias en los albergues

“Una noche, una niña se recostó en mi hombro y me preguntó si yo tenía casa y le dije que sí. Me dijo: ‘Nosotros teníamos, pero está debajo de la tierra y mi hermanito está ahí, no tenemos dónde vivir’. Traté de ser fuerte, pero por dentro estaba destrozado”, cuenta Douglas Suruy, quien es periodista deportivo pero apoyó en el área de nacionales durante la tragedia.

Sin embargo, esa escena era solo el comienzo, pues lo que vivió después fue aún más desgarrador. Otro de los momentos que agradece haber visto fue la de una pareja de ancianos, que le confirmó que el amor sí puede ser para siempre.

“En uno de los albergues conocí a una pareja de ancianos, como de unos 80 años, se habían quedado sin nada, pero se tenían el uno al otro, se acariciaban el pelo y las mejillas, realmente me conmovió”, relata con voz entrecortada.

El llanto de Bryan, solo lo consuela una guitarra

Pero sin lugar a dudas, el momento que más impactó a Douglas fue el llanto de Bryan Rivera, todos vieron su dolor en una transmisión en directo por medio de Facebook Live, incluso muchos usuarios pedían ya no seguir con dicha transmisión, pues la escena era desgarradora.

(Video a partir del minuto 4)

Minutos después, al entrevistar a Bryan, este joven se quebró, se hincó y se aferró a lo único que quedó de su casa, la guitarra de su hermana de 12 años.

“En ese momento no pude más, ya no tuve fuerzas para abrazarlo, sentí que era su momento de intimidad, pues se aferraba al instrumento como si fuera un familiar. Fue muy duro”, cuenta Suruy. Para entonces las lágrimas ya eran inevitables.

Su casa era un horno, buscaba a su esposa

La desesperación de las personas por encontrar a sus seres queridos hace que se arriesguen, como le pasó a un hombre que buscaba a su esposa.

“Me pidió que dejara de tomar fotos y que lo ayudara, me señaló un techo y me dijo ‘ayúdeme a levantar la lámina’, y a pesar que el calor era insoportable, se lanzó debajo y con las manos escarbaba mientras llamaba a su esposa, como pude lo jalé con la mano. ‘No sabe lo duro que estoy viviendo’, me dijo, se tiró a mis pies y comenzó a llorar, intenté consolarlo. Al buen rato me recosté en Juan Carlos (editor de información de Publinews y Diario El Popular de Guatemala, quien estuvo cubriendo la tragedia), porque me quebré”, relata Douglas.

Su cachorro fue todo lo que encontró

Omar Solís, reportero gráfico, cuenta que vivió muchos momentos duros, pero uno de los que más lo impactó fue ver a una adolescente regresar de la zona cero, desconsolada, había ido en busca de su familia y solo encontró a su cachorro.

“Sentí que se me partía el corazón, era tan joven y se quedó sin nada y sola, lloraba desconsoladamente mientras alimentaba al cachorro en un vaso, me hice el fuerte, pero la verdad fue muy duro verla y no poder darle una respuesta”, dice Omar, mientras sus ojos aún se humedecen al contarnos sobre aquel momento.

La indiferencia también duele, la visita del Presidente

Omar dice que la indiferencia duele tanto como la tragedia, se refiere al momento en que el presidente, Jimmy Morales, visitó la zona cero para entregar algunos pares de botas, y comenzó a dar declaraciones sin darse cuenta que a escasos metros los rescatistas escarbaban para rescatar el cuerpo de una madre y su bebé.

“Sentí mucho coraje e impotencia, ni siquiera se dio cuenta que intentaban rescatar el cuerpo de una señora que llevaba en la espalda a su bebé, que fue alcanzada por los flujos piroclásticos. Solamente se fue, ni siquiera se acercó a animar a los socorristas. Nada. No le importó”, dice Omar en tono molesto.

(Video a partir del minuto 13)

Aunque él ha capturado con su cámara varios momentos dolorosos de nuestro país, dice que esta ha sido la tragedia que más le ha costado cubrir, pues sintió el dolor de los damnificados como propio.

Foto: Cortesía Foto: Cortesía

“En nuestro afán de seguir informando, nos saltamos los puestos de vigilancia y avanzamos a la zona cero, solo me puse a orar y le pedí a Dios que no nos pasara nada malo. Íbamos con Douglas siguiendo a las personas que decidieron ir en busca de sus familiares”, expresa Omar.

Foto: Cortesía Foto: Cortesía

“Y ahora con quién voy a jugar”, el dolor en la morgue

“El domingo nos quedamos velando en el parque y junto con otros periodistas estuvimos toda la madrugada fuera de la morgue. Alrededor de las 3 de la mañana del lunes 4 de junio, una madre soltó el llanto, gritaba ‘¡por qué no huyeron mis hijos, por qué no corrieron!’, esas palabras me dolieron mucho, doña Gladys seguía, ‘¡ahora con quién voy a jugar, si contigo nos sentábamos, mi amor!’, el sueño y el cansancio desaparecieron y me acerqué a platicar con ella. Su hija y sus dos nietas estaban en la morgue, sus otros dos hijos no han aparecido”, cuenta Álvaro, quien cubre nota roja y ha vivido muy de cerca el dolor de otros.

El adiós en una carta, bombero se despide

Uno de los momentos que quebró el corazón de Álvaro fue cuando Nohemí, esposa de Antonio Castillo, uno de los dos bomberos desaparecidos, les leyó la carta que el socorrista le escribió en 2016, por si algún día no regresaba, debido al cumplimiento de sus deberes como bombero.

“En el momento en que Nohemí nos leyó la carta no pude evitar las lágrimas, las cuales se disimulaban, pues se confundían con el sudor. ‘Mi mamá fijo está llorando, decile que no lo haga’, leyó, y en ese momento la madre del bombero soltó en llanto. Fue un momento difícil, pero continué grabando un video”, explica Álvaro.

Álvaro ha visto el dolor de cerca muchas veces, pero esta tragedia será algo que no podrá borrar de su mente. “He documentado hechos de violencia, que no dejan de doler, incluso catástrofes como el terremoto de San Marcos, pero en esta ocasión, ver a las familias en el momento de la tragedia y seguirlos viendo en los hospitales, en la morgue, en el cementerio enterrando a sus familiares y de nuevo en el lugar del desastre, excavando hasta con las manos porque el Gobierno en algunos momentos se fue y los dejó solos, es algo que quedará grabado para siempre en mi vida”, expresa con dolor, pues a pesar de que su vida también estuvo en riesgo porque la actividad volcánica continuó, mantuvo el temple y cumplió con su labor periodística.

Foto: Alejandro García Foto: Alejandro García

Entierros: La desolación estaba en todas partes

“A donde quiera que veía, había dolor, desesperación, tristeza, llanto y miedo. En más de una ocasión sentí escalofríos, quería llorar, pero el momento que me desgarró fueron los entierros del día lunes 4 de junio”.

“Vi cómo una mujer despedía a tres de sus familiares, entre ellos a su hija menor. Solo de pensar en qué haría yo si me pasara lo mismo me acercó un poco a sentir lo que ella estaba viviendo”, narra Alejandro García, fotógrafo de sucesos, quien confiesa que solo con cerrar los ojos se ubica de nuevo en el lugar de la tragedia.

¿Qué estoy haciendo aquí Dios mío?, el temor en la zona cero

Uno de los momentos de angustia que vivió Alejandro fue cuando en la zona cero se dio la voz de alarma de que tenían que irse del lugar, pues el volcán había entrado en actividad de nuevo.

Foto: Cortesía Foto: Cortesía

“Tuve temor, cuando corríamos en los picops para afuera, sentí que no nos daría tiempo de salir de ahí y estaba consciente de que podía morir en ese lugar, fue entonces cuando me pregunté: ‘¿Qué estoy haciendo aquí, Dios mío?’ Pero la respuesta fue inmediata, fue el trabajo que elegí, el que me ha dado Dios, el que me apasiona, y me da orgullo servir al país por medio de la información”, dice, aún con tristeza, pero con la satisfacción de haber cumplido con esta labor.

Foto: Cortesía Foto: Cortesía

La impresión, a nueve días de la tragedia

El fotoperiodista Edwin Bercián, “Chito”, llegó a la zona cero nueve días después de la tragedia.

“Sabía de la desolación, conocía las historias, vi el material de mis compañeros durante la cobertura de los pasados nueve días, pero estar allí, verlo de cerca, es impresionante y desgarrador, no hay palabras”.

“Me impresionó enormemente ver unas grandes piedras, saber que eso ocasionó la muerte de cientos de personas, yo… no sé qué más decir, es aterrador. Además, la temperatura es impresionante, casi un infierno”.

“Las personas necesitan mucha ayuda, esa ayuda que debe llegar días posteriores”, nos comenta Bercián, visiblemente triste e impresionado.

Douglas Suruy, Omar Solís, Juan Carlos Ramírez, Álvaro Alay, Alejandro García y Edwin Bercián, “Chito”, fueron los reporteros que cubrieron la tragedia en el campo para Publinews y El Popular, todos vivieron experiencias diferentes, Juan Carlos prefirió guardar silencio, pues es triste ver y recordar tanto dolor.

Foto: Cortesía Foto: Cortesía
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