Iban a visitar a sus suegros el domingo; ahora solo les resta encontrar los cuerpos y cerrar el duelo

Genaro y su familia iban a visitar a sus suegros el pasado domingo. Sus hijos estaban contentos porque verían a sus abuelitos; sin embargo, por la caída de ceniza ya no salieron y no los volvieron a ver.

Por Juan Carlos Ramírez

“Tenemos la esperanza de encontrarlos. Sabemos que hay un espacio para trabajar por donde vivía mi suegro”, dice Genaro Ariel, quien está decidido a encontrar el cuerpo del padre de su esposa, Ana Julia Paz, en San Miguel Los Lotes, El Rodeo, Escuintla, colonia que fue arrasada por la erupción del volcán de Fuego.

Genaro no está solo en su arriesgada tarea, ya que le acompañan otros cinco hombres, que son vecinos y amigos que viven junto con él San Juan Alotenango, en Sacatepéquez.

Uno de ellos es Juan Acual. Es un hombre de 31 años que no dudó en agarrar su pala y piocha para ayudar a su vecino.

No los volvieron a ver

Genaro recuerda que el domingo por la mañana se habían puesto de acuerdo para visitar a sus suegros. Sus hijos estaban contentos porque verían a sus abuelitos. Iban a compartir un almuerzo pero comenzó a caer ceniza, a eso de las 11 de la mañana.

“Cuando vi la ceniza preferí no salir, pero después de almuerzo mis hijos insistieron en ir con los abuelos. Los llamamos, pero ya no volvimos a escucharlos”, recuerda entre lágrimas.

Genaro aprieta el cabo de la pala. Los hombres que le acompañan bajan la mirada como para mostrar respeto por su dolor. Ariel Luis, uno de sus escuderos en la búsqueda en el volcán está convencido de que hace lo correcto al apoyar.

“El que no vive para servir, no sirve para vivir, y eso hay que ponerlo en práctica”, afirma Ariel. Es su manera de decirle a Genaro de que no está solo.

Las dificultades

La misión no es fácil. Se trata de encontrar 16 familiares de Ana Julia. Al menos de 12 consideran tener una ubicación y posibilidad de ingresar a un terreno en donde el calor del suelo a destruido botas y tenis.

“Todo lo que parecía fácil es complicado. No nos dejan pasar”, dice a manera de queja por la disposición de la Conred, quien autoriza el paso a la zona de desastre.

Los hombres reciben la noticia que querían, ya que con una seña de mano les dicen que suban a un picop para que los lleve al área para que hagan su búsqueda.

“Sabemos que es peligroso, pero lo hacemos por la familia”, asegura Generado que se adentra a la zona de destrucción junto con sus compañeros.

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