¿Puede caer lluvia ácida en Guatemala tras erupción del volcán de Fuego?

De acuerdo con Gustavo Chigna, experto del Insivumeh hay varios riesgos tras la erupción del volcán de Fuego, por lo que emitió algunas recomendaciones.

Por Ivonne Gordillo

A través de las redes sociales se han viralizado varias alertas falsas tras la emergencia por la erupción en el volcán de Fuego.

De acuerdo con Gustavo Chigna, experto del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), la presencia de gases puede levantar lluvias que son dañinos para la salud y podría presentarse lluvia ácida en la zona afectada debido a la actividad del volcán el día de ayer.

Según Chigna, si se va a permanecer en el lugar afectado, lo mínimo que se puede hacer es utilizar una mascarilla, pues la ceniza es muy fina y el contacto con esta puede generar problemas respiratorios y en los ojos.

Además de la destrucción que puede generar la caída de este material volcánico a altas temperaturas, tanto a las personas, cultivos y viviendas, existen los riesgos por inhalar ceniza.

¿Qué es lluvia ácida?

Se le llama así cuando la humedad del aire se combina con óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre o trióxido de azufre. En interacción con el agua de la lluvia, estos gases forman ácido nítrico, ácido sulfuroso y ácido sulfúrico.

Otros riesgos

El vulcanólogo dio a conocer que la presencia de lahares es lo más peligroso después de una erupción, pues acarrearán abundante material que podría afectar a poblaciones ubicadas en la parte baja, ya que actualmente estos no tienen un cause definido.

“Los lahares pueden causar mucho más daños que los flujos piroclásticos”, aseguró Chigna, y mencionó que la comunidad más afectada podría ser Las Palmas, que está ubicada muy cerca de Siquinalá, Escuintla.

Los lahares transportan material volcánico fino en bloques con diferentes diámetros, que incluso arrastran troncos y ramas. De igual forma, en su trayectoria levantan columnas de vapor, por lo cual es recomendable no permanecer dentro de las barrancas ni en sus cercanías, ya que pueden darse daños personales, explicó Chigna.

“Las barrancas han llegado a tener 70 u 80 metros profundidad y más de 100 a 150 metros de ancho. Estas van a ser vaciadas por el agua (de la lluvia) en el transcurso del año”, detalló.

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo