El turismo le cambió la vida a Marcos

En 2006 su hermano Óscar le propuso dar otro uso a las lanchas que tenían. El plan era ganar dinero llevando personas a dar un paseo para ver cetáceos.

Por Juan Carlos Ramírez

Marcos nació hace 42 años en la aldea Las Lisas, en Chiquimulilla, Santa Rosa. Las manos ásperas y con cicatrices evidencian sus años como pescador a tiempo completo. Ahora la actividad que le genera más ingresos es el turismo.

En 2006 su hermano Óscar le propuso dar otro uso a las lanchas que tenían. El plan era ganar dinero llevando personas a dar un paseo para ver cetáceos.

Para alguien que nació en Las Lisas y que desde los 13 años se ha adentrado en el mar no es algo nuevo ver delfines y ballenas, pero para un turista, nacional o extranjero, el viaje es toda una aventura.

La apuesta

El apoyo para dar el giro de timón en su pesca de recursos económicos lo encontraron con familiares que viven en Estados Unidos.

Luego de cambiar la potencia de los motores de sus lanchas, se capacitaron y se registraron ante las autoridades.

“La diferencia la hacemos nosotros porque el pescador trabaja de seis a seis, a veces se agarra algo, a veces no, pero con el turismo es más seguro, hay futuro”, explica mientras mantiene las manos en el mando de “La pulga”, durante una gira organizada por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) en la que participó El Popular.

En alerta

El agua es el elemento de Marcos. Usa lentes para sol, gorra, bermuda y sandalias. Como si fuera un radar, rastrea con la vista a algún cetáceo durante.

Luego de adentrarse unas 10 millas náuticas en el Puerto Quetzal, en Escuintla y mientras la embarcación se bambolea grita: “allá, miren allá”, para alertar al grupo de la presencia de una ballena jorobada que va junto con su cría.

El mamífero marino a veces emerge con timidez, pero en otra parte del recorrido salta majestuoso, muestra la aleta y golpea con su enorme cola el agua salada que lo abraza.

La diferencia

Marcos ya no se extraña al ver tortugas, mantarrayas, serpientes acuáticas y la variedad de cetáceos y de cardúmenes, aunque relata con emoción cuando en un día vio 14 ballenas mientras trabajaba para un equipo de biólogos.

“Nos ha ido bien”, asegura con una sonrisa, al explicar gracias al turismo le pudo dar estudio a su tres hijas y mejorar su nivel de vida.

El dato

La temporada de avistamiento de cetáceos en Guatemala es de enero a abril.

La actividad está regulada por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

Quienes ofrecen el servicio de llevar a personas deben registrarse ante el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).

El número

  • 12 años tiene Marcos de trabajar en el turismo.
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