Relájese y espere para gritar el siguiente gol

"Usted disfrute de los partidos. Grite junto con su familia, amigos o compañeros de oficina. Alégrese, enójese o llore".

Relájese y espere para gritar el siguiente gol

“Es que perdió el Barcelona…”, “es que los del Madrid jugaron mal…”, “es que lo cremas no levantan…”, “es que los rojos no dan una…”, y así he oído una infinidad de lamentos, quejas, clamores y llantos. Está bien, no hay problema. Es normal, esas son algunas de las emociones que la naturaleza del futbol provoca en las personas, para eso fue hecho. Para que la gente se apasione, se alegre o se entristezca pero hasta allí, muchá, nada más.

He visto con asombro a conocidos que de verdad llegan al punto de infartarse o de estar a poco de darles un derrame cerebral. Por supuesto que yo también he gritado goles, me he enfadado con alguna decisión arbitral, he celebrado junto con mis hijos y amigos o me he puesto para “plomazos” porque mi equipo no ganó. Pero de eso no paso y no es porque el futbol no me guste.

Disfruto los campeonatos mundiales, las eurocopas, la Champions, la Copa de Oro, la de América, la Libertadores y los encuentros de Antigua GFC. Sin embargo, estoy consciente que solo son juegos, partidos, encuentros deportivos. Nada más. No está en juego mi honor, ni el de mi familia o el de mi país. No me van a despedir del trabajo. No me van a meter a la cárcel. No me van a diagnosticar cáncer, lepra o sida. La vida continuará igual al siguiente día.

Usted disfrute de los partidos. Grite junto con su familia, amigos o compañeros de oficina. Alégrese, enójese o llore”.

No se amargue ni se arruine la existencia porque los cremas o los rojos no ganaron. El punto es que nuestra existencia es tan efímera como para hacer un drama donde no lo existe. Si el equipo ganó, qué bien. Celebremos. Si el equipo perdió, pues ni modo. Habrá que esperar un próximo torneo. He sido testigo de varios conocidos que, de la alegría o de la decepción, agarran “furia”. Nada de esto vale la pena. Estoy seguro de que ni Messi ni Cristiano tienen la idea tan siquiera de nuestra existencia. Si su equipo perdió, pues perdió y punto. La vida sigue igual.

He leído con asombro cómo los hechos de violencia llegan a extremos insospechados. Como antropólogo entiendo perfectamente las raíces de la reacción hepática de las masas como producto de frustraciones sociales, políticas y económicas. Pero aún así, no es justificable bajo ningún punto de vista la agresión física y menos agarrarse a palazos, botellazos o pedradas.

Usted disfrute de los partidos. Grite junto con su familia, sus amigos o compañeros de oficina. Alégrese, enójese o llore. Total, al final de cuentas, los futbolistas, entrenadores y dueños de los equipos recibirán su sueldo. Mañana entrenarán para el próximo encuentro como si nada y usted se habrá amargado por nada.

Mi recomendación es sencilla; si perdió “su” equipo… “don’t worry be happy…” relájeseeeeeeeee y espere para gritar el siguiente gol.