Alud San Pedro Soloma: Alicio García se reencuentra con sus hijas después de la tragedia

Leidi y Mariola quieren volver a su casa pero su papá asegura que no las arriesgará.

Por Juan Carlos Ramírez

Leidi Alicia, de 9 años, estaba despierta cuando Alicio su padre llegó a verla en el área de pediatría del centro de salud de San Pedro Soloma, Huehuetenango. Ese lugar fue su casa desde la tragedia del martes donde su madre y cuatro hermanos murieron soterrados.

En otra cama de ese lugar, pero en la misma habitación está Mariola, de 3, a quien, según su padre, sobrevivió porque su hermana Mayra, de 18 años, la protegió del lodo con su cuerpo, aunque eso le costó la vida.

Alicio no las pudo acompañar durante más de un día ya que tuvo que vérselas con el velatorio y funera, pero después de dar el adiós a Aura en el cementerio de la aldea Quilinco, en Chiantla, viajó por aproximadamente cuatro horas para abrazarlas de nuevo.

Leidi aún tiene canalizada la mano izquierda, se ve débil, aunque los familiares y médicos aseguraron que ha comido un poco. Se levanta de la cama al ver a su papá, quien evita llorar frente a ellas, aunque sus ojos se enrojecen de inmediato. Alicio da unos pasos en el corredor frente al área de camas y su hija, con timidez no lo suelta de la mano.

Noticia no deseada

Gilberto García es sobrino de Alicio. Él ha sido su apoyo en Soloma para cuidar de Leidi y Mariola. Asegura que no le quería contar a las niñas que su madre había fallecido. Ellas solo sabían que Mayra, la mayor, quien el domingo había cumplido los 18, estaba muerta.

Pero, por una manera que desconocen, Leidi se enteró de que su mamá era una de las víctimas del alud. Se lo reclamó a su tío, quien no tuvo más que pedirle perdón y decirle que lo comprendiera. En busca de compensarla, él le ofreció comprar flores y acompañarla al cementerio para visitar la tumba de su mamá y sus hermanos.

Gilberto, Alicio y Aura se dedicaban a la compra y venta de durazno. Confiaban en que este sería un buen año para el negocio y esperaban comenzar a construir su casa. “Mire ahora como nos quedamos, si nada”, relata el sobrino.

El día del suceso Aura llevaba tres mil quetzales para comprar producto, pero el dinero no se lo encontraron cuando llevaron su cadáver a la morgue improvisada. Gilberto explica que ahora pasan por una situación económica más difícil porque era el capital que iban a invertir. En medio de eso, agradece a las personas que el martes y miércoles les llevaron comida a las niñas, ya que furon tantas las raciones que tuvieron que compartirlas, comenta.

Paciencia

Alicio no esconde sus ganas de volver a Quilinco junto con sus hijas, a la casa donde ya no está Aura ni sus hermanas Mayra, Elvira, Fernanda, y el pequeño Alicio David, de 6 meses.

Los médicos le indicaron que tiene que tener paciencia ya que Leidi tuvo fiebre el miércoles. El diagnóstico preliminar indica una infección, pero le tienen que hacer más exámenes para establecer si le dan alta médica o continúa el tratamiento allí o en otro centro asistencial. Su hermana está en mejores condiciones de salud.

“No” responde el padre cuando se le pregunta si arriesgaría a llevarse a sus hijas contra las indicaciones del médico. Mientras tanto, Mariola duerme y Leidi sigue parada junto a él a la espera de que su tío cumpla su promesa de llevarla al cementerio.

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